Peste

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

20 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

MIENTRAS algunas televisiones ofrecían las primeras imágenes de la abominable masacre de Beslán (Osetia del Norte), en otras seguían los acalorados debates que protagonizaban Coto Matamoros, el eterno aspirante Kiko y otros audaces campeones de la telebasura. Fue muy difícil interrumpirlos, ¡tan relevante era su insulso -e insultante- parloteo! Me lo comentaron varios televidentes que se escandalizaron. ¿Cómo es posible que ocurra algo así? ¿Hay que aceptar que ni siquiera el horror real sea capaz de desplazar al horror que ellos representan?. «Debería retirársele la licencia a toda televisión que estuviese contribuyendo claramente a la mala educación de los ciudadanos, sobre todo de los niños», dijo uno de los que expresaban su queja con más vehemencia, un amigo mío de gran talento cuyo repentino ataque de ingenuidad me desconcertó. Mi asombro aumentó cuando comprobé que su indignación era real y que creía que el remedio que propugnaba era el único eficaz en manos del Estado. Le dejé que se desahogase, pero sin lograr desdeñar ya sus razones. Porque si estamos ante lo que la Duquesa de Alba llamó «la peste», deberíamos plantearnos un saneamiento público radical. ¿O ya no hay... manera?