Alianza contra el hambre

| GONZALO PARENTE |

OPINIÓN

22 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

CON MOTIVO de la Asamblea General de la ONU en Nueva York esta semana, se ha celebrado una cumbre para paliar el hambre en el mundo, con una organización que funcionará a impulsos del secretario general Kofi Annan y los líderes de Francia, Brasil, España y Chile que previamente habían encargado un informe técnico para exponer esa situación. Es evidente que el esfuerzo de las naciones para ayuda al desarrollo con la suma anual de 50.000 millones de dólares no es suficiente. El informe reclama duplicar la cifra. Para ello se establecerían una serie de medidas como los gravámenes a las transacciones financieras, mayores impuestos a la venta de armamento y otras varias iniciativas. Son loables los esfuerzos para hacer que los niños y ancianos africanos no se mueran de hambre. Pero a la vez, la llamada comunidad internacional debería preocuparse de dos cuestiones básicas: favorecer el pleno empleo en sus respectivos países y asegurarse de que los envíos de la ayuda al desarrollo son gastados sin corrupción en favorecer la vida y trabajo de las poblaciones abandonadas. Es patético que, mientras se lanzan mensajes de buena voluntad, existan poblaciones de cientos de miles de refugiados que viven de la caridad. Según este informe, la sexta parte de la humanidad pasa hambre. Pero sin ir más lejos, en España se está viviendo el conflicto de la reconversión naval y en Brasil, Lula tiene problemas para llevar a cabo el cambio económico y social. Parece excelente que se luche contra el hambre. Pero sin demagogia; hay que generar empleo y riqueza; hay que controlar el déficit público y la inflación; hay que tener credibilidad para recibir el apoyo internacional; así es la única forma de salir de la pobreza: con orden y esfuerzo. Eso ya lo sabe bien Lula y probablemente sus avances serán el modelo que servirá de guía a otras naciones en lucha contra el hambre. En palabras del ministro de Educación brasileño: «En un mundo globalizado, hostil a las ideas de solidaridad, de igualdad y generosidad, un gobierno popular se enfrenta a terribles dificultades».