UN LARGO mes se ha cumplido ya desde que el 20 de agosto el llamado Ejército Islámico secuestró en Irak a dos periodistas franceses, ya un largo mes. La reivindicación se dirigió primero a Francia, a la que se conminó a que retirara la ley que prohibía el uso del velo islámico en las escuelas, ley laica que las autoridades francesas no podían derogar y que entró en vigor a pesar de las amenazas de muerte a los rehenes. Después, hace unos días, el Ejército Islámico cambió sus demandas y exigió que los periodistas secuestrados actuaran como reporteros pro islámicos del conflicto iraquí, explicándolo desde la óptica de los guerrilleros. Lo primero que hizo París fue desplegar una gran actividad diplomática desde el presidente de la República y el primer ministro a los diferentes ministros implicados. Tocó, incansable, todos los resortes haciendo valer su amistad con los países árabes, con Siria, incluso con Irán, naturalmente con facciones iraquíes y con organizaciones musulmanas francesas. En vano. Único dato positivo: no hay noticia de que los rehenes hayan sido asesinados. Con la mirada perdida, aparecen filmados en los vídeos difundidos por Internet razonando según la lógica perversa de sus captores terroristas, pero vivos. Informaciones no confirmadas aseguran que serán liberados en breve. Si hay algún país occidental que no se merecía esto ese país sería precisamente Francia, muy crítica de la intervención norteamericana en Irak. Pero el misterioso Ejército Islámico no está para sutilezas. Este secuestro es uno entre muchos. Irak se ha convertido en un zoco de rehenes. Un mercado en el que mafiosos e islamistas los venden y los compran, trescientos desde abril, muchos en cautividad ahora. «¿Cuánto pueden dar a cambio por éste?» Así se valora a los occidentales. Tanto da que traten de ayudar a la población o no, las pacíficas y benéficas ONG, por ejemplo, han tenido que abandonar el país, dejándolo a su aciaga suerte. Caos e inseguridad están al orden del día tras la intervención norteamericana. Los 140.000 marines y el gobierno provisional ya no consiguen controlar la situación. Para dominarla, Estados Unidos está a punto de recurrir a una nueva ofensiva aérea destinada a someter a los insurgentes. Nunca el futuro de Irak fue más incierto .Cierto que no es un segundo Vietnam, seguro, pero ¡qué fiasco!