PAOLO VASILE seguramente era un desconocido para el gran público. Hasta que hace unos días una diva de la televisión, María Teresa Campos, tuvo un rifirrafe con él y le llamó gilipollas -por un quítame allá esa audiencia- en uno de los programas que llegan a más público en nuestro país. Vasile es consejero delegado de Tele 5, y nadie está en condiciones de dudar de su profesionalidad. Tiene incluso su propia, muy particular definición de lo que es telebasura. Se asegura que en una reunión con los directivos de algunos formatos bastante populares, Vasile afirmó que el programa que tenga menos de un 10% de audiencia es basura y el que supere el 20% es una buena emisión. Ha dado en el meollo: al servicio de la rentabilidad, todo vale. Si basura son esos productos de los que el rey es Sardá, aunque su corte es nutrida, en los que unos cuantos famosos o seudofamosos perciben un estipendio por decir cuantas más barbaridades mejor, no lo es menos otro modelo. Nos referimos, aunque sólo como ejemplo, pues hay otros casos, a Diario de Patricia, de Antena 3, donde parece que ningún invitado cobra, pero los protagonistas son gentes del común, capaces de descubrir cualquier intimidad: que si su padre los maltrataba, que si el novio o la novia resultaba infiel, que si unos hermanos llevan no sé cuánto tiempo sin verse porque la casa en la que convivieron era un infierno... ¿Y qué les dirán a estos ciudadanos al día siguiente de aparecer en la televisión en la tienda de su barrio, en la oficina bancaria en la que ingresen los cheques, en la entrada del colegio de sus hijos? Ni siquiera tienen la disculpa, aunque sea mala disculpa, de que venden sus más íntimos secretos: los regalan. Algo que no hace el líder de la telebasura, que sólo se mueve, según su propia manifestación, por la rentabilidad. Hay ingenuos que dan por hecho que la muerte de la telebasura es cuestión de tiempo. No parece esa la evolución del fenómeno, sobre todo con los mimbres con los que se hace el cesto.