DE SOL A SOL | O |
10 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EL CAMBIO de hora está próximo, es un despropósito. Hay países que ya no lo hacen. Venimos de la naturaleza, somos animales a pesar del cemento y nos funde que alteren nuestros hábitos. Ahorran electricidad, dicen, y se gastan el triple en antidepresivos, ansiolíticos, tranquilizantes, divorcios, asesinatos. Debí de ser un niño que dormía con la luz encendida y la puerta abierta. Me pone malo el invierno atlántico, esos cielos opresivos como los de los cuadros de Turner. No aguanto ni el clima de esta época ni la ausencia de luz. Más al Norte debe ser terrible. Siempre me imagino la torre de Londres naufragando como una estaca en las aguas del Támesis crecidas por una lluvia bíblica, que no cesa de caer. La niebla por todas partes, a paladas, como mantequilla. Aquí nos llega. El sábado, el viento corrió a 140 kilómetros por Guitiriz y el mar se convirtió en un Port Aventura real (si hay otro Prestige nos lo comemos, claro). La lluvia, bienvenida sea para el campo, apagó la sed de cuatro generaciones. Y el próximo temporal será a oscuras, con una hora menos, esa hora muerta que nos deja metidos en los más negro, en lo más hondo, en el tiempo de los fantasmas. ¿Adónde se iría el sol? cesar.casal@lavoz.es