Tú ya sabes

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

BOUZA

13 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

DESPUÉS de tantas alusiones desde estas mismas columnas a las causas y a las consecuencias del feísmo en Galicia, de un feísmo superlativo, resulta obligado, y es una grata obligación, felicitar a quienes en el ejercicio de sus competencias políticas, están elaborando una reglamentación para introducir en nuestro territorio ese control que hace tantos años veníamos reclamando. La rehabilitación y nuevo uso de las aldeas abandonadas, la recuperación y la utilización de nuestro patrimonio construido en el medio rural, la fijación de la población con esas nuevas actividades, el control de las nuevas edificaciones, la normativa para velar por la conservación de las fachadas de los nuevos y de los viejos edificios, la flexibilización eficaz de las regulaciones sobre materiales constructivos y un sinfín de consideraciones, van a ser reguladas por primera vez desde la instancia del poder regional. Y lo digo así porque ya anteriormente los poderes locales, es decir, los alcaldes y sus gobiernos municipales, pudieron haber actuado con la misma diligencia y responsabilidad que ahora demuestran los responsables de la ordenación del territorio. Por eso, mientras con las mismas o parecidas competencias unos ayuntamientos regularon adecuadamente el crecimiento urbano y edificatorio, otros municipios hicieron de la negligencia irresponsable una norma de conducta. Un comportamiento casi siempre electoralista, y esto en el mejor de los casos, porque en otros muchos iba unido al enriquecimiento personal, a la corrupción de la vida pública. Pero si con hacer cumplir las leyes, las ordenanzas municipales y la legislación urbanística preexistente hubieran evitado que muchos de los males actuales se produjesen, y no se hizo, cabe pensar que la aprobación de las nuevas normas no garantizará por sí sola su cumplimiento por los mismos que antes las obviaron. Naturalmente que harán falta cuerpos de inspección, imposición de penas y derribo de lo que irregularmente se construyó; pero todo eso ya se podía hacer, y no se hizo. Pese a todo, estoy seguro de que la mayor voluntad política y la mayor implicación del Gobierno regional constituirá un poderoso soporte y un avance significativo, pero será necesario que los alcaldes cumplan también. Y esto, por lo anteriormente dicho, no parece fácil. Aquí tendrían mucho que hacer los propios partidos políticos, pues en el seno de estas organizaciones hay muchas posibilidades que hasta ahora no se han desarrollado. Galicia necesita dignificar su clase política a la vez que su territorio. Así como debería perseguirse, legal y electoralmente, la corrupción de los políticos, también debería penalizarse su conducta negligente. Sólo así podremos dignificarnos y regenerar, junto con el territorio, el desprestigio general de la política, que la conducta de unos cuantos ha generado, junto con el consentimiento y la acción protectora de los que pudieron evitarlo y no lo hicieron. Como siempre, la democracia, si es vivida, tiene el remedio: dar el voto libremente y reflexivamente a quien lo merezca, desterrando de una vez el caciquismo y el clientelismo. No vaya a ser que se reproduzca aquello de un alcalde cuyo eslogan electoral terminaba con la frase que encabeza este artículo, y que muchos quisieron interpretar como una manifestación de una forma de gobernar excesivamente negligente. Tú ya sabes.