GEORGE W. Bush se ha ganado tantas antipatías en el mundo que muy probablemente es en su país en el único que tiene posibilidades de ganar unas elecciones. Desde luego no las ganaría en Francia, a juzgar por las muchas páginas beligerantes y adversas que le dedican diarios y revistas del país vecino. Si algo está claro es que los gabachos se sienten concernidos por el resultado de las próximas elecciones estadounidenses y no permanecen neutrales o indiferentes. Así se explican algunas soflamas de Le Monde , o la reciente portada de Le Nouvel Observateur con la afirmación: «Por qué es necesario batir a Bush», después de un antetítulo demoledor: «Su reelección sería una catástrofe para el mundo y para América». Pero las elecciones se celebran en Estados Unidos y allí las cosas se ven de otro modo, al menos por parte de la mitad de la población, que no lo considera de ningún modo un peligro para su propio país, aunque no descarta que lo sea para otros. Esto es lo que mantiene sus posibilidades. Bush ha acertado en el intento de convencer a una buena parte de los votantes de que vivimos una época necesitada de un «líder militar» al frente de la única superpotencia, un presidente que no tiene que consultar a nadie para defender militarmente los intereses de su país, sea donde sea. Si se despojase a Bush de su manifiesto y agresivo unilateralismo, quizá nos encontrásemos con el multilateralismo asimétrico de Kerry, doctrina no tan diferente de la del actual inquilino de la Casa Blanca como sería de desear, para decepción de algunos. Pero al menos Kerry no quiere desenfundar más rápido ni protagonizar Solo ante el peligro . El candidato demócrata lo ha dicho claramente: Hay otra forma de defender a EE. UU. que no consiste en ponerle a todo el mundo en contra. Es obvio que Kerry ganaría en Francia, y en España, pero donde tiene que hacerlo es en EE. UU., y los europeos franco-germanos no le han hecho ningún favor al impulsar un antiamericanismo de pacotilla. Muchos estadounidenses, que no olvidan, no quieren ahora depender de nosotros, y miran embobados a Bush. Éste es el problema.