La herencia

| ARTURO MANEIRO |

OPINIÓN

19 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LLEGA UNO de los momentos decisivos para el futuro del PP en Galicia. El resultado del Congreso que van a celebrar este fin de semana puede tener una trascendencia fundamental en el Partido Popular, en la Xunta y en Galicia. Es un reto para Fraga, ya que debe demostrar su capacidad estratégica para lograr una dirección de partido estable y renovada, capaz de afrontar las elecciones del 2005 con posibilidad de mantener sus apoyos. Es un reto también porque lo que salga del congreso será como la herencia de Fraga al PPdeG. Y las herencias son mayores cuanto mejor se ha administrado el patrimonio, en este caso figurado, el patrimonio político. Hay mucha gente convencida de que esta herencia deber ser la renovación. La renovación es dar paso a tanta gente, personas nuevas, que está esperando una oportunidad en el PP. No se trata de cambiarlo todo sino de hacer los cambios necesarios para sumar esfuerzos. Sumar el peso electoral de Fraga en grandes zonas rurales de Galicia con el peso electoral que pueden aportar los perfiles más modernos en las zonas urbanas. Muchos creen que esto lo puede conseguir el PP con la suma de las aportaciones del Alberto Núñez y de Fraga. Pero este proceso debe ser claro y definido. Debe verse que da paso a alguien en concreto, a un perfil sin difuminar, a alguien a quien el partido deba respaldar sin fisuras, sin equilibrios inestables y sin componendas. El sentido común parece indicar que la opción de futuro debe ser inequívoca, debe haber una apuesta clara por una persona determinada, la que sea mejor, la que responda de forma adecuada al perfil que necesita el Partido Popular en estos momentos. Si en lugar de actuar con estos criterios, se piensa sólo en mayores cotas de influencia territorial, los ejemplos ya han demostrado claramente que tales actuaciones llevan al desastre. Por otra parte, existe el convencimiento de que en el congreso del PPdeG, las ejecutivas provinciales van a conseguir una mayor capacidad de acción. Sería algo así como extender a todas lo que reclamaba, por lo menos de forma pública, el presidente provincial de Ourense, José Luis Baltar. Pontevedra podrá tomar decisiones con autonomía, Ourense también, Lugo tendrá esa misma capacidad y A Coruña podrá decidir sus propios dirigentes sin las interferencias ajenas de los últimos años. Lógicamente, dentro de este panorama no está previsto el cambio en la secretaría general, como pedía el sector disidente de Ourense, y seguirá al frente Jesús Palmou, con la responsabilidad de coordinar, impulsar o neutralizar, las fuerzas centrípetas y centrífugas del Partido Popular gallego. Se asegura que Fraga aún no tiene cerrada la lista y poco se sabe del destino de Cuiña. Muchos en el partido popular están convencidos de que del Congreso debe salir una organización en la que ya no se hable de divisiones, no se presenten chantajes ni confrontaciones. Y para ello, por lo menos, no debe haber vencedores ni vencidos, aunque lo lógico será tratar bien a los que trabajan por construir y dejar de lado a los que se empeñan en destruir. Si quieren mantener la confianza de los electores, tras el congreso, deben demostrar que su proyecto no está agotado; deben convencer a la sociedad gallega de que no existe una alternativa consistente. Pero todo ello no es suficiente con decirlo, hay que demostrarlo día a día en cada consellería, en las instituciones, en los entes autónomos, en las diputaciones, en los ayuntamientos, y en la última instancia administrativa gallega.