Trump especula con una hipotética retirada de las bases de Estados Unidos en países como España y Alemania
LA CRISIS está superada. Como una gripe o una gastroenteritis. Algo que sucede a veces a las personas o a los colectivos. Muy humano. No todas las indisposiciones transitorias dejan secuelas. Sí, en ocasiones, las enfermedades. Por eso es prudente tener cuidado, sin obsesionarse, realizar análisis y, eventualmente, revisiones. ¿Ante qué diagnóstico nos encontramos con el pasado culebrón de «os de Ourense & Cuiña» versus los de Madrid y sus enlaces? Por lo que se vislumbra desde la perspectiva oficial, «lo que pasó, fue lo que pasó»; un mero contratiempo pasajero. El organismo sigue fuerte y ninguno de sus elementos acusa disfuncionalidades que alteren su unidad vital. Pues, para eso no harían falta tantas andanadas, como las que se lanzaron contra los intrépidos audaces que alteraron momentáneamente las tersas aguas del estanque feliz. Por más que las ondas hayan desaparecido de la superficie, es difícil entender que la agitación, provocada por las descalificaciones a los «insurgentes», para no reproducir toda la gama, no haya quedado larvada en el fondo. Mucha virtud, o mucho estómago, se necesita para seguir conviviendo, como si nada hubiese ocurrido. Claro ha quedado, y meridiano estaba, que el presidente-candidato Fraga es la maroma que une, de momento, posiciones diferentes -e incluso antagónicas- en un recipiente común. Hay una coincidencia de intereses de uno y de los otros. Son las próximas elecciones. Para el presidente son vitales y no dejan de serlo para sus correligionarios, aunque más para unos que para otros, dependiendo del resultado. El Congreso del PPdeG abre una nueva etapa, que el proyecto de Presupuestos corrobora y la decidida actitud del presidente Fraga a favor de la reforma de la Constitución y del Estatuto confirma. De su alcance darán cuenta los acontecimientos que sucedan. De entrada y, al menos teóricamente, podría percibirse que la línea marcada por el presidente parece más cercana a los criticados «inconformistas» que a la de Madrid y sus «leales». Después de años de aguantar, el muelle comprimido por la disciplina central, ha recobrado su flexibilidad. Las posiciones reveladas ante la catástrofe del Prestige parecen ahora cambiadas. Lo que acontece podría apuntar a una suerte de federación, sin salir del acotado espacio partidario, formada por el presidente con Madrid, con Ourense y quién sabe si con alguien más de Galicia. De momento, funciona. El cierre parece pertenecer a la técnica del juego de dominó. Habría que recontar las fichas. La apertura, a la del ajedrez. Habrá que esperar a cómo se desarrollan las jugadas siguientes. Si la apertura, más que un trámite congresual, encierra la voluntad de una mayor integración, que responda a un ampliado respaldo social. De otra manera, podría suceder que los mensajes que calen en la sociedad produzcan la impresión de que se juega con las piezas negras en el tablero electoral: evitar que ganen los otros, enrocándose en endogámicas posiciones, que se juzgan suficientes para la victoria.