24 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.
LA BRISA juguetea con las hojas a los pies de los castaños desnudos en el valle del río Ser, bajo la mirada del Pío Paxaro. El tapiz que alfombra las faldas de los desgastados montes de la sierra cantada por Novoneyra emite cálidos destellos de oro viejo, amarillos, ocres, cárdenos y beis. A ras de tierra, las irisaciones de octubre son percibidas como un guiño de la naturaleza, que rinde sus castañas y nueces, que regala sus setas. Desde el satélite de la Agencia Espacial Europea, el ojo que todo lo ve ha confundido el otoño de O Courel con el eructo gaseoso de una central termoeléctrica.