Votad a Kerry

ENRIQUE CURIEL

OPINIÓN

26 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL 2 DE NOVIEMBRE no sólo se decidirá un posible cambio de Administración en Washington. Se decidirá un cambio de época. Es difícil encontrar un antecedente próximo que nos remita a unas elecciones con mayor trascendencia estratégica. Quizás tendríamos que remontarnos al mítico enfrentamiento entre Nixon y Kennedy en 1960, que, con el triunfo de Kennedy y en pleno desarrollo de la guerra fría , significó la apertura de una nueva frontera , de una etapa de cierta distensión a pesar de la crisis de Berlín y de los misiles en Cuba. El mundo tuvo la oportunidad de depositar su confianza en un triple liderazgo que resultó determinante para evitar una posible hecatombe nuclear e inaugurar un diálogo multilateral imprescindible. Kennedy, Kruschov y Juan XXIII se convirtieron en tres reformadores cuya influencia se extendió sobre toda la década de los años 60. El presidente Kennedy recogió lo mejor de la sociedad estadounidense, libró la batalla por la defensa de los derechos civiles, modernizó la economía de su país, impulsó el proceso de descolonización en el mundo y neutralizó a las fuerzas más oscuras y reaccionarias de los EE.?UU. Todo ello le costó la vida: fue asesinado en Dallas, pero su tarea resultó decisiva. Kruschov inició la desestalinización y denunció en el XX Congreso del PCUS los crímenes de José Stalin. Pronto fue destituido. Y Juan XXIII tuvo el coraje de convocar el Concilio Vaticano II para modernizar el pensamiento y la actitud del mundo católico ante la nueva realidad. No le faltó oposición en el propio Vaticano. Hoy necesitamos liderazgos similares que contemplen los problemas actuales desde una mentalidad abierta, reformadora y progresista. Los problemas de la seguridad colectiva, los cambios económicos procedentes de la globalización neoliberal, los movimientos migratorios como consecuencia de los desequilibrios económicos, el terrorismo, las cuestiones medioambientales, el debilitamiento de la ONU, las pugnas por el control de las fuentes energéticas y la explosión de una versión integrista y violenta del islamismo, resumen la apertura de una época extraordinariamente compleja, peligrosa e inestable. Ralf Dahrendorf escribía recientemente que nos encontramos ante un dilema crucial. En su opinión, el modelo renano (Estado de Bienestar) está agotado, necesita reformas, resulta ineficiente en relación con las economías más abiertas, pero, al mismo tiempo, los defensores del capitalismo sin modificaciones -especialmente los anglosajones- no son capaces de concretar el nuevo modelo económico. La opción de Bush significaría acentuar la desregulación económica y las políticas proteccionistas con respecto a las economías emergentes. En estas circunstancias, los «cuatro años más» que pide George W. Bush en la Casa Blanca constituyen una amenaza cierta para todos. Porque su candidatura resume en sí misma la peor tradición de la extrema derecha estadounidense y la confirmación de una visión militarizada de los problemas del siglo XXI. Es imprescindible insistir en el desastre iraquí, provocado por la enloquecida política de la Casa Blanca, y la tensión creciente en todo el mundo árabe como consecuencia de la estrategia de tierra quemada desarrollada por Ariel Sharon con el apoyo de Bush. Las costuras de nuestro mundo se están rompiendo y no creo que resistan «cuatro años más». Confío en la victoria de John Kerry porque confío en la lucidez de la sociedad estadounidense. La movilización demócrata es una evidencia y espero que el 3 de noviembre todos podamos respirar un poco más tranquilos y esperanzados.