GEORGE W. Bush se ha convertido en el presidente más votado en la historia de Estados Unidos, con 58,8 millones de votos (tres y medio más que Kerry), algo que podría entenderse como un espaldarazo a su política internacional unilateral y autista. Sin embargo, en mi opinión, ésta sería una interpretación equivocada. A pesar de un resultado tan favorable, debido a la alta participación electoral (favorecida por el encono y la división del país), la realidad es que la América metropolitana, la de las grandes ciudades, le ha enviado un mensaje de advertencia o de rechazo que no ha pasado inadvertido. El propio Bush tardará en olvidar que se vio con el agua al cuello y que en esta cita electoral, a pesar de las buenas cuentas finales, pudo ocurrir de todo. Pero ganó, ciertamente, como algunos habíamos venido avisando. Ganó, pero no convenció. Tiene las manos libres para gobernar como le venga en gana, es decir, como ha hecho hasta ahora, pero todos los errores acumulados constituyen una pesada losa que ni él mismo se podrá sacar de encima sin acometer cambios significativos. Dicho en otras palabras, ya no le oiremos decir a su secretario de Estado, Donald Rumsfeld, como hizo tras invadir de Irak, que EE.?UU. puede librar dos guerras al mismo tiempo (en clara amenaza a los otros dos miembros del eje del mal , Irán y Corea del Norte). Tampoco escucharemos de boca del cínico Paul Wolfowitz que el argumento de las armas de destrucción masiva se escogió porque era el más convincente para granjearse apoyos internacionales. Habrá otras mentiras, seguro, pero también habrá otros planteamientos menos aislantes y más acordes con el derecho internacional. Bush ha ganado, pero, con ello, ha hecho aún más urgente acertar en Irak. De lo contrario, el apoyo popular empezará a desmoronarse en las encuestas. Fue elegido como el líder con más determinación para arreglar el desaguisado. Quizá Kerry perdió por no saber explicar cómo lo lograría él. Bush tampoco lo ha explicado, sin embargo hasta su Maquiavelo particular, Karl Rove, sabe que ha ganado por la América profunda que se tragó todas sus mentiras. Pero esta fe tiene un límite. Por eso habrá cambio.