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05 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.WOODY Allen nunca ha ocultado su pesimismo sobre todo eso que llamamos la existencia, sin embargo se gana la vida bromeando con ello. Como ha dicho, él no ve el vaso medio vacío ni medio lleno, lo ve completamente vacío, y su percepción de la realidad es siempre trágica. Quizá por ello ha filmado Melinda y Melinda , la película que acaba de llegar a nuestras pantallas: para demostrarse a sí mismo que las cosas también pueden ser percibidas de un modo distinto y que, ante similares vivencias, una persona puede creer que está ante una tragedia o ante una comedia. La clave está en la interpretación que se haga de las experiencias y conocimientos. Woody Allen no tiene motivos para ser pesimista, pero lo es. Otras personas no tienen motivos para ser optimistas, y lo son. ¿Cómo explicárselo? Con humor. Porque, más allá de nuestras posibilidades reales de ser o creernos felices, están nuestras posibilidades reales de no serlo. Melinda y Melinda nos habla, a la vez, desde las dos vertientes. Para llevarnos a una conclusión grouchiana : sea cual sea nuestra visión, nunca saldremos vivos de este laberinto de pasiones. De este embrollo sólo se sale para no volver. Y no deja de tener su «gracia».