CONSEGUIDA la victoria para una segunda legislatura, se le ofrece a Bush la posibilidad de cambiar a su desastroso secretario (ministro) de Defensa Donald Rumsfeld, responsable de los enormes errores de la campaña militar de Irak. Planteó aquella guerra basada en la superioridad aplastante del ejército norteamericano para ocupar Bagdad en poco tiempo con el mínimo de bajas propias. Por el contrario, la estrategia de Sadam consistió en ceder terreno para ganar tiempo. De esta forma, cuando Rumsfeld convenció a Bush de que ya podía anunciar el fin de la guerra, ésta no había hecho más que empezar. No creo que los militares norteamericanos estuvieran de acuerdo con la estrategia de Rumsfeld que les condujo a la penosa situación actual, en la cual las fuerzas aliadas de ocupación no son suficientes como para garantizar la seguridad de la población civil frente a los insurgentes islámicos que se incorporaron a la resistencia iraquí. Así pues, el primer fallo fue de planteamiento estratégico. El segundo error garrafal ha sido el de la inteligencia. No fueron capaces de detectar los movimientos insurgentes que prepararon la resistencia a base de bombas humanas de destrucción masiva que en los últimos 16 meses se han suicidado en número de 160, es decir, aproximadamente 10 por mes, o lo que es lo mismo, uno cada tres días. No saben a estas alturas de dónde vienen tantos explosivos, dónde montan los coches bomba, quién los apoya y dónde está la organización que tiene atemorizada a la población civil; mientras tanto no son capaces de proteger a la población civil en las ciudades, y las inexpertas fuerzas iraquíes bastante tienen con protegerse a símismas. Así se comprueba que otro gran error de Rumsfeld fue el disolver completamente las fuerzas militares de Sadam y la policía, que eran quienes tenían la capacidad de controlar la situación en la fase post bélica de reconstrucción. Ahora, con la victoria electoral en sus manos, el presidente Bush puede remodelar su Gobierno para corregir los errores: primero, cambiar a los responsables de la desastrosa campaña de Irak; segundo, tender la mano a los aliados europeos que están deseando estrechársela; y tercero, poner entre todos los países la solución de Irak en manos de las Naciones Unidas, que sin duda encargarían a la OTAN de la terminación del conflicto. Por último queda la solución de Palestina, que sin duda es el origen de todos los conflictos en Oriente Medio. Entramos así en un nuevo periodo de esperanza para la estabilidad y la paz mundial. Veremos si Bush toma su victoria como para seguir en el unilateralismo o bien decide corregir su estrategia y acogerse a la visión de un mundo multilateral, en el que los europeos, rusos y asiáticos también participen.