La patria del idioma

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

YA LO HABÉIS visto: Carod-Rovira se ha salido con la suya. Le arrancó al presidente el compromiso de declaración que buscaba sobre el catalán y el valenciano. Gran éxito. Nunca medio millón de votos habían valido tanto. Eso es poder y lo demás son bromas. Aquí eres alguien si eres capaz de poner al gobierno contra las cuerdas; si tienes poderío suficiente para amenazarle con tumbar los Presupuestos del Estado. Si no tienes ese poder, olvídalo. La situación, en este sentido, empieza a ser de opereta. El Gobierno es muy sólido y firme cuando los afectados por sus decisiones no tienen escaño. Los católicos, por ejemplo, se sienten agraviados; pero ningún obispo ha sido llamado a limar asperezas en la Presidencia. Los jueces dicen estar irritados por el nuevo sistema de elección; pero, que sepamos, ninguno ha sido llamado por el ministro de Justicia. Ahora bien: Carod-Rovira plantea un desafío y a los tres días está en La Moncloa. Es impresionante la capacidad de coacción de este hombre. Pero no lo es menos la ductilidad que demuestra Zapatero. Le pregunté a un alto cargo cuánto tiempo veremos esta situación y me respondió: «Hasta el final de la Legislatura». Y añadió un dato que desconocía: hay días que, en el Congreso, el diputado Tardá, también de Esquerra, plantea cuatro veces la caída del Gobierno. Depende de los turnos de palabra que le otorgue Manuel Marín. Así vivimos. Cara estabilidad. Con todo ello, no quiero decir que Carod-Rovira no tenga razón. Quizá la tenga: el idioma catalán y el valenciano son tan parecidos que no es injusto decir que son la misma lengua, hablada en territorios distintos. La unificación del nombre se podría plantear en términos civilizados, en una mesa, con estudios de filólogos y con voluntad de llegar a un acuerdo. Pero fallan dos bases: la previsión del Gobierno, incapaz de prevenir un conflicto, y los intereses políticos para que esto no ocurra así. Los beneficiarios de esos intereses necesitan un clima de tensión y provocación. Y al fondo, la orientación definitiva: la unificación del idioma es, para Esquerra Republicana, el punto de partida de su proyecto pancatalanista. «Mi patria -decía Fernando Pessoa-, es la lengua portuguesa». La patria de un buen nacionalista de hoy es la lengua catalana. En la medida en que esté aceptada como tal, con ese nombre, en Valencia, la Comunidad Valenciana pasará a integrar formalmente los Països Catalans . Esa es la aspiración. Por eso son tan importantes los pasos de Carod. Por eso es tan triste la cesión de Zapatero.