Internet: lo íntimo y lo público

OPINIÓN

04 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

VIVIMOS un momento en el que, con frecuencia, lo más íntimo se hace público. Este fenómeno abarca desde el campo de la moda, donde la ropa interior se diseña para ser mostrada, hasta la exhibición mediática de las vidas privadas. Pero, la confesión de lo más íntimo, adquiere un matiz muy especial en ese gran zoco de los fantasmas sexuales que representa uno de los usos -el más extendido- de Internet. La Red posibilita colocar las fantasías sexuales particulares en un escaparate público, con el único velo del anonimato inicial. Así, las fantasías adquieren una dimensión mucho más realizable al presentarse la pulsión al desnudo, sin el freno del nombre propio. Al hacer explicitas las preferencias sexuales, en Internet, las fantasías pasan de tener un valor de uso -masturbatorio, por ejemplo- a tener un valor de cambio. De este modo, lo más íntimo pasa al mercado. La confesión pública de las fantasías sexuales, les da una consistencia que antes no tenían y las hace entrar en la lógica de la oferta y la demanda. Por esto, la Red funciona como un acumulador de libido y favorece encuentros de otro modo muy difíciles de lograr. En Alemania existe un grupo de personas, con fantasías de tipo canibalista, conectadas por Internet. Armin Meiwes sentía desde su infancia el impulso de comer carne humana pero, a sus cuarenta y dos años, nunca había actuado esta tendencia. Internet le posibilitó expresar su demanda y encontró respuesta. Así, el que actualmente es conocido como el «caníbal de Rotenburgo», hizo realidad su fantasía. De este horror hizo espectáculo al filmar su acto. Por otra parte, ya ha negociado con una productora los derechos de explotación mediática de su caso. Otro ejemplo, más alejado en el tiempo, es el de una discreta ama de casa que solicitó, vía Internet, un hombre que la torturase sexualmente hasta morir. Un analista de sistemas satisfizo su demanda, pero contaba con seiscientos aspirantes más. Estos casos, absolutamente extremos, ejemplifican muy bien, en su radicalidad, el empuje a la realización de los fantasmas sexuales, una vez colocados en el escaparate de la realidad virtual, y sin haber pasado previamente por un encuentro real que no sea anónimo. Igualmente, como acabamos de saber recientemente, Internet puede ser el modo de favorecer la sugestión hipnótica, grupal, hacia la muerte. Es el caso de ese más de medio centenar de jóvenes japoneses que deciden suicidarse, por grupos, tras acordar la cita mortal en la Red.