SE CUMPLE un nuevo aniversario de la Constitución de 1978. Esta es una buena noticia incluso para los que somos partidarios de la forma republicana de gobierno; preferiríamos que no existiere el Título dedicado a la Corona, pero no deseamos que ésta desaparezca porque previamente lo haya hecho España. Lo importante es que la voluntad proclamada en su Preámbulo por la Nación española en uso de su soberanía se ejerza razonablemente. Pero la Constitución y sus objetivos de convivencia democrática, consolidación del Estado de Derecho y protección de los derechos civiles se encuentran gravemente amenazados por los que rechazan que la soberanía nacional resida en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. Y lo más pintoresco o singular, no es ya que, España, la Constitución y la convivencia pacífica tengan enemigos, sino que, a diferencia de otras turbulentas etapas de nuestra historia, éstos controlen gran parte de la actividad del Gobierno, con un desnaturalizado PSOE convertido en comparsa nacionalista, cuando no contagiado de sus destructivos despropósitos. Una constitución virtual para ciudadanos virtuales de una España virtual. Aunque el presidente de la Generalitat aún no se ha sublevado contra el régimen constitucional como hiciera su antecesor Companys, también ha anunciado su ausencia de los actos conmemorativos de la legalidad gracias a la que él puede presidir una institución española, uniéndose así al presidente sectario vasco que nos viene amenazando con su propio proceso golpista. ¿Será este el último año de vigencia de la actual Constitución? Todo es posible. Que tal pregunta pueda hacerse da idea del deterioro en el que estamos. La quiebra constitucional que no consiguió Tejero, la burla de los poderes legislativo y judicial, llevan camino de lograrla los Pérez Carod Rovira, Maragall, Ibarretxe, socios del inane ZP, quien actúa ¿como presidente del Gobierno constitucional de España?