Explicaciones innecesarias

OPINIÓN

HUBO ALGO de revelador y no sé si de patético en el reciente esfuerzo de Miguel Ángel Moratinos por explicarle al secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, algunas cuestiones de nuestra política internacional. A falta de mejor ocasión, Moratinos se acercó a Powell el jueves en la sede de la OTAN en Bruselas y logró mantener con él, en apenas diez minutos, el encuentro que había venido anunciando desde su reciente visita a países de Cercano Oriente. El ministro español resumió la entrevista con las siguientes palabras: «Hemos pasado revista a las relaciones bilaterales que, lógicamente, queremos seguir manteniendo al mejor y más alto nivel». Lo que todos pudieron ver fue a un Powell sorprendido que se limitaba a escuchar, mientras Moratinos le recitaba su monólogo. Porque la relación no da para más. Y no da para más porque la nueva política exterior española no es del agrado de la Administración estadounidense. Si la Casa Blanca pide personal para formar a los futuros mandos del Ejército iraquí, nosotros le ofrecemos más tropas para Afganistán; si quiere que se mantengan las sanciones de la UE contra Cuba, nosotros lideramos el acercamiento europeo a Castro; si desconfía radicalmente del presidente venezolano Hugo Chávez (al que tiene por otro Fidel), en España se le recibe como un paladín democrático... No tiene sentido que luego corramos a explicarle a los norteamericanos nuestra política exterior y las relaciones que con ellos «queremos seguir manteniendo al mejor y más alto nivel». La Administración Bush ya conoce de sobra nuestra política exterior y no le gusta. Y lo dice claramente, por activa y por pasiva. España tiene derecho a establecer sus prioridades y hacer la política exterior que el Gobierno, a falta de un acuerdo PSOE-PP, considere mejor. Pero después nadie debe pedir resultados imposibles. No se puede abrazar a Chávez (y a Castro, si se tercia) y aspirar, a la vez, a ser considerados por EE.?UU. como amigos. Si alguien cree que es fácil persuadir sin hechos a sus neoconservadores, se engaña y nos engaña. El equipo de Bush no admite más explicaciones que las suyas. Es juez y parte. Y Moratinos lo sabe.