Los triángulos del sur

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

15 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LA MAÑANA estaba tediosa y nublada, pero hacía calor. Como tenía tiempo sobrado me desvié de mi camino a Pontevedra siguiendo la atracción del litoral, del que rara vez logro sustraerme. Llegué a Vilagarcía, cuyas imágenes históricas tan inútilmente sacrificadas siempre añoro, y como el reloj no me daba más asueto tomé la carretera a Pontevedra. El paisaje, como siempre, conducido por el dinamismo, pero marcado por el desorden, por el caos urbanístico y funcional, deviene en una mezcla de usos y edificaciones generadora de un feísmo esencial. Pensé en ese paisaje periurbano incontrolado, en esa urbanización difusa espontánea, en esa integración de lo urbano y lo rural que bien realizada hubiera llegado a ser una meta deseable. En medio de ese caos territorial llegué sin darme cuenta a la capital con la evidencia de que el triángulo Pontevedra-Vilagarcía-O Grove formaba parte ya de esa enorme región urbana que en su vértice o epicentro lidera la ciudad de Vigo. Y recordé el primer triángulo, el de los años setenta, que incluía Redondela-Porriño y Baiona. A él se sumó el segundo (A Guarda, Tui, Porriño); vino después el tercero, con nuevos vértices en Ponteareas y Mondariz; a la vez que la línea Cangas-Moaña se fundía con el triángulo urbano Marín-Pontevedra-Poio. Ahora el triángulo del Salnés se está soldando a los anteriores. Esta figura de la triangulación me recordó la vieja técnica cartográfica de los vértices geodésicos que las imágenes de satélite y las nuevas tecnologías de la información están sustituyendo, al igual que los triángulos urbanos sustituyen la tradicional contraposición de lo urbano y lo rural. Vigo, en ese nuevo sistema triangular, se perfila como el nodo privilegiado de la región urbana, haciendo realidad aquella Dasicora que Perpiñá Grau acuñó en su obra clásica sobre las áreas de acumulación demográfica en España. Pasaron ya muchos años desde entonces, más de cuarenta, pero la predicción se cumplió. Una gran región urbana se está articulando en el sur de Galicia, sólo que al producirse de una manera descontrolada cada vez será más difícil y más costosa su ordenación, pero también por eso más necesaria. Lo lamentable es que de estas realidades estamos hablando y escribiendo desde hace veinte años. Recuerdo que cuando regresé a Galicia, en 1985, el primer ciclo de conferencias al que me invitaron trató de estos temas. Mucho me temo que aunque ahora se quiere remediar con fuerte voluntariedad política, el remedio llegue tarde, y nos demuestra que cuando se hacen políticas de corto alcance, sin más visión que lo inmediato, pasan estas cosas. Ahora, con una nueva perspectiva y con una mentalidad diferente, las cosas van por otro camino, pero el coste adicional por la dejación de obligaciones en el pasado reciente será mucho mayor. Si al menos nos sirviera para aprender y escarmentar, de algo habrá valido. Mientras tanto, la triangulación urbana y funcional del Sur de Galicia se ha hecho a sí misma, como todo lo que aconteció en la urbe viguesa que irradió su dinamismo y carácter emprendedor a un entorno cada vez más amplio, irradiación que alcanzó también al caos urbanístico y territorial dominante. Un entorno que mira hacia el futuro pensando en las oportunidades que los nuevos sistemas de transporte, y en particular los trenes de cercanías y el metro, ofrecen para la vertebración de la región urbana. Menos optimismo me aporta la triangulación urbana del Norte, donde nuevos localismos están actuando como disolvente de las enormes posibilidades de futuro que una estrategia de integración podría aportar. Menos mal que el desorden territorial es menor y la futura ciudad jardín del Golfo Ártabro aún puede ser posible, siempre que no se sigan acumulando decisiones tan agresivas para el territorio como algunas de las que se están construyendo y proyectando.