¿Qué es el racismo?

| MANUEL FERNÁNDEZ BLANCO |

OPINIÓN

BOUZA

16 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EL RACISMO está conectado con el odio, con el odio visceral, lo que quiere decir que se siente en el cuerpo. Jacques Lacan nos ha proporcionado una definición muy simple y esclarecedora del racismo cuando ha situado, en el origen de todo racismo, lo insoportable del goce del otro. Lo insoportable de que el otro no sea como nosotros, y de que no goce de acuerdo a nuestra tradición. La tradición es siempre un modo de ordenamiento del goce. La tradición nos dice cuántas fiestas hay que hacer, cómo desarrollarlas, o si se puede tener una o más mujeres. Pero, ¿qué ocurre cuando la poligamia es practicada en París, tal como refiere Giovanni Sartori en La sociedad multiétnica , por cerca de doscientas mil familias islámicas? Ocurre que el buen modo de gozar, el modo ordenado de gozar, se ve amenazado desde el exterior, pero el peligro es percibido como interno. Esto es así porque nada es vivido como más extranjero, y odioso, que nuestras pasiones más íntimas. Esas pasiones hacen vacilar nuestra identidad, nos hacen aparecer como otro para nosotros mismos, como un otro irreconocible pero que nos habita. El rechazo a que el otro goce de un modo diferente, fundamento de todo racismo, es el rechazo de algo íntimo que aparece en el exterior. Este exterior, este modo de goce diferente, no siempre produce odio, racismo o xenofobia. Es más, puede producir fascinación e imitación si está lejos. El goce del otro, cuando está lejos, se llama exotismo. Ese mismo goce produce xenofobia cuando está vecino, próximo, en casa. Es entonces cuando se vive como amenazante, atentatorio de la unidad nacional o del yo. El mismo sujeto que disfruta con el exotismo del Magreb, puede no tolerar al magrebí de vecino. Así, la idiosincrasia se transforma en odiosincrasia. Este odio responde a la lógica según la cual el sujeto siente que ese otro goza excesivamente pero, además, a su costa; siente que el otro viene a aprovecharse de lo suyo, sin pagar el precio correspondiente. Por último, se puede aproximar el sexismo al racismo, ya que el goce femenino aparece como un goce radicalmente diferente. Esto es lo que puede permitir hablar del racismo estructural entre los sexos. De lo difícil que se hace soportar que el Otro no sea Uno. Sabemos que, en ocasiones, esto deriva en situaciones dramáticas.