El Ebro y el informe Pisa

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

17 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

POR RAZONES que no viene al caso explicar he formado parte de un jurado encargado de seleccionar veinte puestos de trabajo para otros tantos periodistas licenciados en esta materia por distintas universidades españolas. Aún no salgo de mi asombro. Más de uno y más de dos y de tres contestaron que el río Ebro nace en Cataluña, en Aragón y en el País Vasco y que desemboca en Andalucía y en Aragón. Lo decían jóvenes licenciados en periodismo de 22, 23 y 24 años que han estudiado un Bachillerato y una carrera superior de cinco años y que quieren informar (y explicar, supongo) al ciudadano del acontecer diario. Con ser este un hecho grave que denota las carencias de nuestro sistema de enseñanza, puestas ya de manifiesto en el reciente informe trienal Pisa 2003 de la OCDE, más grave resulta aún lo que supone para la argamasa de una nación la ignorancia enciclopédica de la geografía física y política de su país que tienen los jóvenes españoles que habitan «esta España nuestra, o lo que queda de ella en el imaginario colectivo de un nutrido grupo de resistentes», como ha escrito Carlos Herrera. En alguna ocasión he citado el comentario que me hizo el filósofo y jurista de la teoría del Derecho Norberto Bobbio, al poco de aprobarse nuestra Constitución y comprobar que la Educación no figuraba ni en la lista de competencias del Gobierno central ni en la de las autonomías: «Uno de los elementos clave para vertebrar un país es enseñar a todos los estudiantes la misma historia». Y la misma geografía, añado. Bien es verdad que el hecho que pongo de manifiesto está en contradicción con los datos recogidos en el último latinobarómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en el que el 84,5 por ciento de los españoles se declara muy orgulloso o bastante orgulloso de ser español, frente a un 7,2 que dice estar poco orgulloso , un 2,3 que dice que no está nada orgulloso y un 2,1 que contesta que no es español. Falta conocer la segmentación por edades para constatar si hay una tendencia mayor de los más jóvenes hacia las últimas respuestas o, por el contrario, si mantienen la misma proporción que el conjunto de la muestra. Si fuera lo primero, Bobbio tendría razón, los independentistas habrían acertado en su apuesta inicial y el imaginario colectivo sería algo más que una licencia literaria.