CARLOS G. REIGOSA
20 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Conocí a Gregorio Peces-Barba en los estertores del franquismo, un día en que un amigo común puso en mi mano una raqueta de tenis y me dijo: «Venga, juega ahora tú con él». Era la primera vez en mi vida que yo pisaba una pista y es fácil imaginar el resultado. Al poco rato lo dejamos y empezamos a hablar. Le dije que estaba estudiando Ciencias Políticas y por ahí se encaminó la conversación de un modo natural. Muy pronto me di cuenta de que estaba ante un tipo de carácter con las ideas muy claras. Su actuación futura, que me tocó seguir muchas veces como periodista, no hizo más que confirmarme en aquella primera visión de un intelectual sin dobleces. Ahora lo han nombrado Alto Comisionado para Ayuda a las Víctimas del Terrorismo. No sé si, como dice el PP, debía ser designado de otro modo. Pero sé que han nombrado a una persona que vale, que ha demostrado su capacidad (ahora al frente de la Universidad Carlos III) y que sabe irse de los sitios cuando no le dejan hacer a conciencia. Es socialista, cierto, pero ha acreditado que no lo es desde la componenda o el compadreo, sino desde la responsabilidad y el rigor. Las víctimas del terrorismo han ganado un buen defensor. Y se lo merecen.