AUNQUE soy más bien abstemio, hoy quiero brindar con cava por todos los catalanes, incluido el señor Carod-Rovira y sus conmilitones. Y con vino de rioja por los riojanos y vascos porque a mí no me afecta la recomendación impartida a los catalanes por Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) de consumir vinos catalanes en lugar de los de rioja. Y con ribeira sacra por todos los gallegos. Y con vinos de Jerez por los andaluces. Y con ribera del Duero por los castellanos y leoneses. Y con los de somontano por los aragoneses, ahora que han ganado para Zaragoza, por méritos propios y con el apoyo de todos, como debe ser, la Exposición Internacional del 2008. Y con valdepeñas por los castellano-manchegos. Caldos que cantó Borges en estos versos de su soneto al vino: «¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa/ Conjunción de los astros, en qué secreto día/ Que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa/ Y singular idea de inventar la alegría?». Y vaya también mi brindis navideño por esa formidable sociedad civil española que se ha manifestado con todo su vigor en el Congreso de los Diputados, con sendos alegatos -lúcido y desgarrado el de Pilar Manjón y reflexivo y profundo el de José Alcaraz- contra el ventajismo, las trapacerías y la endogamia de los partidos políticos, y boicoteando el cava catalán mediante el silencioso y eficaz pásalo , hasta que los independentistas de ERC, lanzados a tumba abierta contra la candidatura de Madrid para los Juegos Olímpicos del 2012, han tenido que frenar en seco las provocaciones y pasar por el gaznate sus ásperas bravuconadas, so pena de ser arrollados por eso tan sencillo que se llama mercado y economía. Han sido dos nuevas muestras de la fortaleza de la ciudadanía que ha hecho reflexionar otra vez a la clase política como en su día recapacitó tras el escalofrío que recorrió el espinazo de España con el «espíritu de Ermua» frente al chantaje de ETA, y más tarde con el peregrinaje incesante, abigarrado, juvenil y solidario hacia la Galicia embadurnada con el chapapote del Prestige . La lotería de Navidad, cumpliendo su rito ancestral, ha repartido la suerte, y los agraciados han compartido euforia brindando con cava con vendedores de cupones como Xavier Gabriel, el mago de la Bruja de Oro de Sort y entre parroquianos de bares y colmados. Para todos, éstos y aquéllos, miembros de esa robusta sociedad civil, alzo mi copa, llena con todos los vinos de España, y con palabras de Quevedo repito con él: «No hay cuestión ni pesadumbre que sepa, amigo, nadar; todas se ahogan en vino, todas se atascan en pan¿».