«QUE NO se sepa». Antiguamente, esta era la siguiente preocupación de las familias después de sufrir la muerte violenta de un ser querido. Si un hermano, un tío, un marido, un hijo caían asesinados en una reyerta, o en un duelo, en una venganza, o incluso en una guerra, los deudos intentaban protegerse con el silencio. Se entendía que la publicidad solo servía para añadir dolor, incluso que era una vergüenza oírse en boca de otros. Esa era una de las pesadillas de nuestros abuelos: ver sus apellidos en coplas, y antes de eso, en romances. La palabra «fama» significaba originariamente sólo mala fama y los romanos, muy apropiadamente, se la imaginaban en la figura de un animal odioso. La televisión ha cambiado todo esto y hoy, por alguna razón, creemos que la publicidad es algo que mitiga el dolor. Así, las víctimas y familiares de víctimas del terrorismo que abucheaban el sábado al Gobierno y a los medios de comunicación, lo hacían en parte porque se sienten olvidadas, «víctimas de segunda» frente a las de otro terrorismo, el islámico. Quieren sobre todo que se hable de ellos, de su dolor. De paso, sin pretenderlo, sin mala intención, ofenden a esas otras víctimas, que difícilmente escucharán con paciencia como se las califica de «víctimas de primera». Al mismo tiempo, sin darse cuenta de la contradicción, quieren que las televisiones no muestren imágenes de los atentados. Y el resto de la sociedad, por compasión y por complejo de culpa, les deja hacer. Es una tragedia más, la de los malentendidos, sumada al dolor de las pérdidas. Seguimos sin entender que la información es eso: información; no es una indemnización, ni una forma de reconocimiento, menos aún un consuelo. Ni siquiera es un derecho. Y esto vale para todos, ya sean las víctimas del Yak-42 o las de ETA. En los últimos años ETA apenas ha matado y esto es algo de lo que hay que congratularse, y comprender que la tragedia del 11-M es todavía reciente y una amenaza indudablemente mayor para la sociedad en su conjunto. Es la realidad la que es cruel, no quienes la analizan y la cuentan.