Los otros problemas

OPINIÓN

01 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

OCASIONALMENTE, políticos de los principales partidos españoles confiesan en privado que tienen la sensación de no estar tratando, con demasiada frecuencia, los asuntos que de verdad preocupan a la ciudadanía. Por parte de los populares, este enunciado fue claro cuando, tras la derrota del 14-M, se encontraron con las reformas constitucional y estatutarias (entre otras) que ellos no creían necesarias, pero que el PSOE había prometido. De este modo, los asuntos que el PP consideraba preferentes fueron sustituidos por otros que los socialistas juzgaban prioritarios. Ahora, hace apenas quince días, el líder de la oposición en el Parlamento de la Comunidad de Madrid, Rafael Simancas, puso el énfasis en que España cometería un tremendo error si dedicaba los próximos cuatro años a discutir sobre identidades territoriales y sobre su propia arquitectura institucional interna. Una semana después, y también en público, el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, citó la frase de Simancas (y citó a Simancas) para añadir que tal dedicación sería, «efectivamente, un derroche de tiempo histórico y de energía colectiva», sin que haya motivo para ello. Pero al plantear la necesidad de evitar este riesgo se impone la exigencia de que el debate se desarrolle con racionalidad, sin desbordar el modelo de organización territorial recogido en una Constitución que no se prevé revisar. Porque España tiene ya otros problemas (económicos, de política exterior, de paro, de vivienda, etc.) que tienen preferencia en cualquier sociedad normalizada, y la nuestra no debe dejar de pertenecer a este grupo. Tenemos retos suficientes como para no distraernos descubriendo el Mediterráneo. El tren de la modernidad y del progreso no puede perderse por estar mirando para otro lado. La educación, la investigación y la innovación tecnológica están lejos de los niveles deseables. La pérdida de competitividad es preocupante... ¿Y el plan Ibarretxe? Es una creación de jerarquías de partido en una confrontación desmadrada. Ayer fue debatido y rechazado en el Congreso de los Diputados. Genera inquietud y distrae, cierto. Pero no debe retener o monopolizar toda nuestra atención.