HAY DÍAS que merece la pena vivir. Porque vienen cargados de buenas noticias. Sin ir más lejos, ayer mismo nos enteramos de que el fiscal Fungairiño recuperó la memoria. Y recordó que tenía una cuenta pendiente con el juez Garzón. Fungairiño había perdido la retentiva cuando compareció ante la comisión del 11-M. No recordaba que apareciera la furgoneta de los terroristas. Un olvido banal. Ya dijimos entonces que esas cosas, la de perder la memoria, suelen ocurrir. Le pasó a Laureano Oubiña y también a Jon Bienzobas. Pero Fungairiño recordó repentinamente que tenía cuentas que saldar con Garzón y aprovechando que éste acaba de publicar un libro le planteó una denuncia en toda regla. Entiende el fiscal jefe de la Audiencia que el juez puede haber revelado secretos que están siendo investigados sobre los atentados del 11-M, pese a no haber sido el instructor. Lo que Garzón dice en el libro es lo que dice medio país, con la excepción de Fungairiño y cuatro más. Que la masacre no la cometió ETA, y que esta banda terrorista no pretendía matar con su ya popular «caravana de la muerte». Garzón, además, arremete contra el PP, contra el profesor asociado y contra determinados periodistas. Fungairiño, por poder, pudo haber denunciado a Acebes por el mismo motivo. Por dar información sobre el atentado, y además errónea. Pero sobre todo, pudo empapelarlo por emitir opiniones. Y pudo haber hecho lo mismo con la cruzada mediática que se organizó. La diferencia está en que Acebes opinaba a favor. Y también en que Acebes y los periodistas-fusileros son de su fanfarria. Así tenemos a la justicia. En manos de personajes como Fungairiño. Le tomó el pelo al país con su pérdida de memoria y aún le seguimos subvencionando sus caprichos. En vez de pedir su extradición por ultraje público. No aprenderemos nunca.