Ajedrez electoral

OPINIÓN

05 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

EL PANORAMA político refleja una especie de asimetría variable, que tiene su principal causa en la carencia de mayoría absoluta del Gobierno y en la naturaleza de los partidos que habitualmente le apoyan. El núcleo estable permaneció leal en los Presupuestos Generales del Estado, pero ha fallado con ocasión de dos asuntos: la propuesta del Parlamento vasco sobre un nuevo Estatuto y la Constitución europea. No se trata de temas de escasa relevancia, ni en sí mismos, ni para el Gobierno. El primero se refiere, en definitiva, al modelo de Estado y sobre el segundo, el Gobierno ha puesto un especial empeño en su refrendo positivo. Las diferencias entre el PSOE y ERC en esos puntos son patentes. Los representantes de ERC las han expresado con meridiana claridad y sin edulcoración. Tienen el mismo fundamento en los dos casos citados. Más aún, han manifestado que la propuesta del parlamento vasco les resultaba insuficiente. Una actitud de esta naturaleza, podría hacer pensar en un replanteamiento de la alianza establecida. A esa opción se orientaba el ofrecimiento gratuito del PP de garantizar al Gobierno su estabilidad, si tuviera que prescindir del apoyo de ERC. No parece que esa sea la dirección escogida. Al modelo de Estado habrá que darle todavía algunas vueltas. Ver como resultan las elecciones vascas. De otro lado, ese apoyo resulta indispensable para lo que podría denominarse «un modelo de sociedad». Y sobre todo, para el mantenimiento del gobierno de Cataluña. Esa circunstancia ha condicionado, desde el principio, el planteamiento sobre la configuración del Estado. Estuvo sobrevolando en el debate sobre el Estatuto vasco. Tocaba, entonces, mover pieza para decir no, con el pensamiento puesto en la que habría que jugar en el tablero catalán. Desde esa perspectiva se comprende la funcionalidad de la «tercera vía» para Euskadi, enunciada por el presidente del Gobierno, además de servir para incidir en las elecciones vascas. A la espera de cómo evolucionan los acontecimientos en el País Vasco, teniendo en cuenta lo anterior, y el propio desarrollo del debate parlamentario, podría concluirse que el jaleado -a favor y en contra- acuerdo entre el PSOE y el PP parece dominado por la coyuntura del pleno del pasado día 1. El PSOE estaba comprometido con el no, como el PP. Pero no ha quedado claro que el acuerdo se extienda a las reformas de todos los Estatutos. Hay dudas fundadas de que estemos ante un pacto, que sugiere contraprestaciones. No se vislumbran. Hubo una coincidencia pasajera en lo imprescindible. El PSOE necesita del PP para la reforma de la Constitución, pero no necesariamente para la de los Estatutos, que requiere sólo mayoría absoluta. Para el Estatuto catalán se la pueden proporcionar ERC e IV, como mínimo. No será difícil de obtener, si la cuestión fundamental es la de financiación. En eso puede obtenerse un consenso catalán de los partidos implicados. El elogiado discurso de Rajoy le acredita como líder de la oposición y acentúa la soledad del PP. En ella puede residir su debilidad o su fortaleza, según el sesgo de los acontecimientos en el futuro. El entendimiento con el PNV ha quedado impracticable después de su intervención. El rendimiento electoral, si existe, vendrá de otros ámbitos, en y fuera del País Vasco. La partida de ajedrez está abierta. Los movimientos son cada vez más comprometidos. Habrá quizá, en algún momento, necesidad de adoptar preferencias entre aspectos del modelo de Estado y de sociedad. O entre el interés general e intereses electorales del momento. En ello radica la condición de los estadistas.