Cine español

OPINIÓN

11 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

OTRO AÑO más las mismas consecuencias y otro año más la misma cantinela: la culpa es del cine norteamericano, ese al que algunas de nuestras producciones y sus participantes acuden con gastos pagados (subvención a la promoción) y como perritos falderos para que les den un Óscar. De nuevo el número de espectadores españoles a las películas patrias ha descendido alarmantemente, a pesar de la recomendación del señor Zapatero para que las veamos. Según cifras de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, la cuota del cine español, en un año récord de espectadores, ha caído, entre 2003 y 2004, del 15,8 % al 14%; el presupuesto medio por película ha pasado de 2,2 millones de euros a 2,1; las películas producidas, de 126 a 125 (¿de verdad hay sitio en las pantallas para tantas?); la recaudación, de 100,8 millones de euros a 90,2; el número de coproducciones, de 49 a 41, y el número de óperas prima, de 37 a 44. Las dos películas más taquilleras fueron, por este orden, Mar adentro (3,9 millones de espectadores) e Isi & Disi (1,5), lo que quiere decir que la media de las otras 123, caso de que se hayan estrenado todas, fue de algo más de cien mil espectadores. Entre los males del cine español están la asfixia del talento a causa de las múltiples subvenciones y de las cuotas televisivas de inversión obligatoria (60% del 5% de los ingresos brutos anuales), la falta de humildad para pensar qué le gusta al público, y su continua y permanente ideologización, hasta haberlo convertido, como ha señalado Juan Manuel de Prada, en una industria que hace películas en las que se insulta a media España para halagar a la otra media, resucitando con tesón y dinero de ambas mitades el fantasma de las dos Españas y echando de los cines donde se proyectan películas españolas a la mitad de los espectadores potenciales. La clasificación que no da la Academia y que convendría que elaborase todos los años el Instituto Español de la Cinematografía es la de la cuenta de resultados de las productoras españolas. Bajan los espectadores y los ingresos por taquilla, pero aumentan las productoras, las subvenciones, los ingresos empresariales y los beneficios económicos. Una ecuación que casa mal con el fracaso de público, y que demostraría que la mayoría de nuestras películas no necesitan espectadores porque se amortizan con la claqueta final y desde la primera bajada de tablita.