Alarma ecológica

OPINIÓN

16 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

AYER ENTRÓ en vigor el Protocolo de Kioto, sin el apoyo de EE. UU., el mayor contaminante del mundo. No hay una ilustración más clara de la necesidad de que los hombres actúen globalmente que la crisis ecológica. Cuando en 1972 el Club de Roma publicó Los límites del crecimiento, elaborado por científicos del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachussets, la prensa más liberal y reaccionaria de medio mundo lo tacharon de pesimista y tendencioso. En él alertaban de la posibilidad de ir más allá de los límites naturales del planeta. El sobrepasamiento deriva del hecho de que los que toman decisiones no reciben, no creen o no actúan sobre la información que señala el traspaso de los límites hasta mucho después de que han sido sobrepasados. La inercia provoca un retraso, no en las señales de alarma sino en la respuesta a las señales. La ONU publicó en 1987 un programa global para el cambio, con un título muy significativo y elocuente, Nuestro futuro común. En 1992 tuvo lugar la famosa Conferencia de Río de Janeiro sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Preparada con mimo durante varios años, reunió a 172 países de los 178 que formaban parte en ese momento de la ONU. En total, unos 10.000 representantes, de los que 116 eran jefes de Estado. Además, 1.500 ONG y 8.000 periodistas. Estas cifras bastan por sí solas para destacar la importancia del acontecimiento. Ahora, nuevamente se disparan las señales de alarma con la publicación del tercer Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático. Las evidencias científicas son apabullantes. Para muchas fuentes y sumideros de importancia para el equilibrio ecológico mundial, el sobrepasamiento ya es un hecho. No es para tomárselo a risa. Hay que establecer una alianza mundial mediante la creación de nuevos niveles de cooperación entre los Estados, los sectores clave de las sociedades y las personas para alcanzar un desarrollo sostenible que garantice un nivel de vida digno para todos los seres humanos (presentes y futuros), con una mejor protección y gestión de los ecosistemas, reconociendo la naturaleza integral e interdependiente de la Tierra, nuestro hogar. Las dificultades que estamos teniendo para aplicar Kioto reflejan lo lejos que estamos aún de ello. Podría decirse que la tarea de la ecología acaba de empezar; ahora hace falta una población informada, que tome decisiones y las exija.