Héroes a su pesar

JOSÉ MARÍA CALLEJA

OPINIÓN

PILAR CANICOBA

17 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

NO SÉ cuántas informaciones más sobre los planes criminales de ETA hace falta conocer para que no volvamos a oír ¡nunca máis! esa melonada de que en el País Vasco hay libertades porque «todo el mundo puede votar lo que quiera». No sé cuántas pistas más tiene que dar el grupo terrorista sobre sus intenciones asesinas para que todos los demócratas españoles reconozcan sin ambages la lucha impagable que las gentes del PP y del PSOE desempeñan en la Comunidad Autónoma vasca (CAV) a favor de la democracia, no sólo en esta comunidad, también en el resto de España. Piensen por un segundo todos los militantes del PSOE o del PP de Galicia si estarían dispuestos a militar en sus respectivos partidos si viviesen en Hernani, Llodio o Lekeitio, por citar sólo un municipio aterrorizado de cada provincia. Pensemos todos, en fin, que los que nos arriesgamos en la lucha contra la dictadura de Franco poníamos en juego mucho menos que lo que hoy arriesgan quienes hacen política, socialista o popular, en la CAV: la muerte. María San Gil, Rodolfo Ares (vasco gallego, por cierto), Antonio Basagoiti, Leopoldo Barreda, se suman a la larguísima lista de personas que han podido ser asesinadas por ETA y que si hoy están con vida es gracias a la policía española, que ha detenido a sus criminales antes de que pudieran cometer el atentado. No sé cómo, a estas alturas del curso, alguien que no sea un lunático cree que se puede saber lo que realmente pensamos los vascos, cuando no sólo los citados, centenares de personas más, tienen que vivir escoltadas para que no les asesinen y no pueden ni hacer política con libertad ni tampoco vivir con libertad: hablar con la gente, pasear por la calle, llevar a los críos al colegio, tomarse un café, darse un baño en la playa, ir al gimnasio o a la peluquería. Todas estas actividades cotidianas, sobre las que la inmensa mayoría de los españoles no sienten la necesidad de dar gracias a nadie por poderlas hacer en libertad, están severamente limitadas en la CAV, cuando no absolutamente prohibidas, gracias al terrorismo nacionalista vasco y gracias también a la indiferencia moral y política que el nacionalismo gobernante ejerce respecto de quienes padecen miedo y falta de libertad. Hoy resulta imposible hablar en voz alta en un bar sobre la barbaridad del plan del lunático, la violencia fascista de los aprendices de etarras o los planes de los etarras maduros para asesinar a las gentes del PSOE o del PP. Hoy existen familias, grupos de amigos, cuadrillas, sociedades gastronómicas en las que no se habla de política y hay gentes -del PP y del PSOE- a las que jamás se les ocurriría decir a sus compañeros de trabajo o de ocio a qué partido votan. Andan los criminales obsesionados por poner muertos encima de la mesa antes de que se celebre el referéndum del domingo en un afán de-sesperado por conseguir lo de siempre: publicidad. El mato, luego existo es la frase más querida por estos pistoleros que no saben vivir sin asesinar y sin obtener con sus crímenes la necesaria dosis de publicidad que exige su labor de aventar miedos. La policía española ha impedido que un criminal asesinara a gentes del PP y del PSOE en la CAV. La democracia española deberá agradecer algún día a estos héroes a su pesar el trabajo impagable que hacen por la libertad y la democracia, no solo en el País Vasco, también en el resto de España.