SI LA JUSTICIA aplicase el mismo rasero a Pasqual Maragall y al ex alcalde de O Vicedo, no tardaríamos mucho en ver condenado a un presidente de la Generalitat. No sé, como es obvio, si el penado iba a ser Jordi Pujol o el propio Maragall. Pero no tengo ninguna duda de que, después de decir lo que se dijo, y de hacerlo con la solemnidad que implica la tribuna parlamentaria, ningún país democrático cerraría este incidente en falso, sin condenar a uno por corrupto o al otro por difamador. Para escapar del problema del Carmel, al que no se le planta cara en la forma debida, Pasqual Maragall abrió la caja de Pandora en tres frentes muy peligrosos. El primero consistió en atacar la mejorable Ley de Contratos del Estado como si fuese la última responsable de los enjuagues técnicos y económicos y de los pactos empresariales que se hacen, a la vista de todo el mundo, en los pliegos de adjudicación y en las mesas de contratación. El segundo le hizo arremeter contra los técnicos, dando a entender que todas las ineficiencias provienen de la ignorancia, y no de la presión eficientista -poco dinero, muchas metas y plazos cortos- que se le impone al adjudicatario. El tercer frente se dirigió contra CiU, a la que ahora se acusa de haber robado la pasta gansa -eso significa «el problema del 3 %»- que faltaba en los túneles del metro. Ahora dice Joaquim Nadal que no tienen pruebas, y que el presidente de la Generalitat se limitó a ponerle palabras a un «rumor latente» que conocen todos los catalanes. Pero la política tiene sus reglas, y todo apunta a que, además de haber volado el puente por el que tenía que pasar el modelo Maragall de reforma del Estatut , el jefe del Tripartito se ha metido en un patatal de consecuencias imprevisibles. El rumor latente al que hace referencia Nadal también se percibe con notable claridad en todas las autonomías y en Madrid. Los empresarios hablan con absoluto desparpajo de cómo pagan, a quién le pagan y de cómo se calculan los incrementos de costes que generan las mordidas. Y en lo único que se admiten ciertas variaciones es a la hora de fijar el porcentaje, entre el 3 y el 5, que corresponde a cada administración o a la naturaleza de cada contrato. Dada la incapacidad que muestran los políticos y los empresarios para romper esta rueda infernal, que todo el mundo conoce a través del rumor latente , sería bueno que los jueces y fiscales abandonasen su afición por las chorraditas y pusiesen proa hacia un problema que también tizna -según el rumor latente - los Palacios de Justicia. Porque las bolas de nieve hay que deshacerlas a tiempo. Antes de que arrasen por completo el dulce paisaje de la democracia.