Exprimido como un limón

OPINIÓN

03 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

HA FALLECIDO el Papa Juan Pablo II, después de darlo todo, exprimido como un limón. Es un auténtico ejemplo de servicio. Dio a la Iglesia y a la sociedad todo lo que ha podido dar, hasta sus últimos momentos, sus últimas imágenes por TV, sus últimos saludos, su decrepitud de cuerpo y su fortaleza interior. Hemos sido testigos de su plenitud física a los 58 años y le hemos visto envejecer ante nuestros ojos durante la última década. Y deja tras de sí una huella que va a ser imborrable en la Iglesia católica y en todo el mundo. No se ha quedado nada para su comodidad ni en los últimos momentos de su vida. Desde el 16 de octubre de 1978, fecha de su elección, han pasado algo más de 26 años dirigiendo la Iglesia, llevando a cabo cientos de viajes. Ha sido el peregrino más importante que ha caminado a Compostela, desde aquí ha hecho el llamamiento más dramático para la unión europea en sus verdaderos orígenes. No se dio ningún descanso en su función. Ha sido un papa muy querido por la gente sencilla, por los intelectuales de todas las tendencias, por los máximos responsables de otras religiones. Pero, evidentemente, también ha sido muy denostado, incluso con rabia, por todos aquéllos a los que les molesta la existencia de la Iglesia católica y por los que no soportan las exigencias de la doctrina católica. Juan Pablo II ha vivido y enseñado cómo un católico debe mantener una constante atención a los problemas humanos, a los problemas sociales, al mismo tiempo que mantiene con coherencia las exigencias del Evangelio. Nunca ha hecho caso a las críticas negativas por mantener su coherencia, ni a tratado de contemporizar o pretender rebajar las exigencias de la doctrina católica para aumentar la audiencia de la Iglesia. Juan Pablo II ha sido un papa que ha llegado sin que nadie lo esperara, dijo que venía de un país lejano, y su nombre incluso sonaba a africano para muchos en aquellos primeros momentos. Pero ahora se va cuando casi todos lo van a echar de menos. Ha sido un gran regalo y muchos esperamos que el próximo no sea menor.