ASÍ COMENZÓ PNV-EA la campaña vasca. Están convencidos de que ganarán. Hace cuatro años, yo formaba parte de una coalición que, tras la experiencia de «Álava frontera al nacionalismo», pusimos al nacionalismo ante la posibilidad de perder el poder y dejar paso a la alternancia no nacionalista en Euskadi. Incluso, Ibarretxe fue obligado a ser candidato por quienes estaban convencidos que se había terminado el poder del nacionalismo y no querían asumir ser candidatos para perder. Aquel Ibarretxe, desmejorado y arrojado al circo de una campaña en la que se proclamaba a Oreja como futuro lendakari, era señalado por la cátedra mediática como «patético». Cualquier parecido con la realidad, mera coincidencia. Ganó. Hizo los cambios sucesorios que le parecieron oportunos en el monolítico PNV. Impuso su credo en forma de plan que ni Arzalluz se hubiera atrevido a plantear. Y hoy es el conductor del «pueblo vasco» en busca de un Estado propio. Razones para llegar hasta aquí: han logrado emocionar a los vascos, especialmente a los más jóvenes, primero con la enseñanza y luego con una Administración que hace posible vivir mejor en Euskadi que en cualquier otra comunidad, especialmente si se es nacionalista. El PP no sólo no avanza, sino que produce rechazo, por su inmovilismo y ahora de forma inoportuna, con un vídeo que le va a hundir la campaña a María San Gil. Es como si una mano negra deseara que «tras Aznar, el diluvio». Lo que puede llevarse por delante al propio Rajoy, que no da la talla, por incapacidad para controlar a un partido con neurosis compulsiva y obsesiva con los sucesos entre el 11-M y el 14-M. El PSOE puede crecer, pero tampoco es alternativa a Ibarretxe. Sólo podrá utilizar los votos vascos para amortiguar el plan Ibarretxe en la negociación que se pondrá en marcha tras las elecciones del 17-A. No logro entender la torpeza de quienes son incapaces de hacer frente a la marea nacionalista, y ponen más énfasis en pelearse en Madrid que en frenar las razones ideológicas, culturales y económicas, que hacen al nacionalismo cada vez más atractivo para los habitantes del País Vasco. Cuando el PP usa propaganda impresentable, capaz de dividir a la sociedad, poner en tela de juicio el sistema democrático, y bajo sospecha las causas del atentado del 11-M, es lógico que los vascos presuman de que ellos avanzan y los demás están anclados en el pasado.