ANTES de ir al teatro va a haber que consultar el famoso texto de Maimónides para tratar de orientarse. Teatro Rosalía coruñés, montaje de La Pasión según don Quijote , nombre con reminiscencias del gran Bach, pero con músicas de otro autor barroco aún más famoso en su tiempo, Telemann, así como de Strauss y de García Abril. Buen concierto aunque con sobresaltos del texto, un refrito o batiburrillo de Cervantes, bien recitado por Chete Lera. Y he aquí la cuestión. Muchas veces existe la tentación de poner en boca de otros, a ser posible de los más grandes autores de los cánones estéticos de la Humanidad, nuestras propias ideas por muy contradictorias o cogidas por los pelos que resulten. El espectador suele terminar hecho un lío, e incluso toma como canónicos las propias morcillas o disparates actuales. Esto es muy frecuente en los montajes de ópera aprovechando que sus autores ya no están en este mundo y no se pueden defender de los atropellos perpetrados con sus obras. Así, una doña Anna que se pincha droga mientras reniega de don Juan, o cualquier otra felonía. ¿Qué se le ocurrirá a doña Agata Ruiz de la Prada para el Festival Mozart? Pero bueno, volviendo al sufrido don Quijote, resulta asaz osado cruzar mitologías helénicas con republicanas para dar un híbrido conceptual más estéril que un mulo. Identificar el 14 de abril del 31 con la Edad de Oro del discurso quijotesco a los cabreros tiene su miga. La paliza a Andresillo que un Quijote recién aprendiz de caballero no puede evitar, con la represión de una violenta manifestación antiglobalización en Italia es un poco exagerado. Pero ya el colmo, del que aún no me he repuesto en el momento de escribir estas líneas, es la insinuación de que Bin Laden ha ejercido como caballero andante al derribar al terrible gigante (americano) al que le sirven de piernas dos grandísimas torres (las dos torres del 11-S). Con este devenir entrópico de la cultura española, ¡ni con Maimónides!