EL PASADO SÁBADO, Ramón Jáuregui, ex vicepresidente del Gobierno vasco y actual portavoz socialista en la Comisión Constitucional del Congreso, aseguraba: «El Gobierno cree que está ante una oportunidad para la paz, y la quiere explotar. Ahora le toca moverse a ETA, y lo debe hacer pronto, para aprovechar la expectativa de paz que se ha creado». Y ETA se movió pronto, pero lo hizo en la dirección contraria. Unas horas después de estas palabras, colocaba, en la madrugada de ayer, dos artefactos explosivos en Zarauz (Guipúzcoa): uno fue desactivado por la Ertzaintza y el otro, compuesto por dos kilos de cloratita, hizo explosión en las inmediaciones de la casa de un empresario. El Gobierno vasco, que ha condenado los atentados, ha subrayado que sólo el azar y la suerte han evitado un balance fatal. Es algo de lo que hay que tomar buena nota con vistas al futuro. El suceso ha vuelto a encorajinar los ánimos entre PP y PSOE. Los populares, esta vez por boca de Javier Arenas, han acusado al Gobierno de «renunciar» a la derrota policial de ETA y han denunciado que, después de la última resolución aprobada en el Congreso de los Diputados en pro de la negociación, la iniciativa la lleva ETA, que «no tiene ningún deseo de abandonar las armas». El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha respondido desde Andalucía: «El único destino de la banda terrorista ETA es disolverse y deponer las armas». Y añadió que todo acabará «con la victoria clara del Estado de Derecho», que es incompatible con la violencia terrorista. En esta misma línea, el ministro del Interior, José Antonio Alonso, apeló a «la unidad de los demócratas y la firmeza de las leyes para lograr la desaparición definitiva del terrorismo». ETA se movió para mal, pero los mensajes del PP y el PSOE no se han alterado. Es como si cada acción terrorista los reafirmase en que han elegido la senda correcta. Lo cual es preocupante porque si la bomba que explotó en Zarauz hubiese causado víctimas (cosa que pudo ocurrir, según el Gobierno vasco) estaríamos ante un panorama muy tenebroso. El PSOE y el PP deben poner coto cuanto antes a su confrontación en este ámbito, que sólo puede beneficiar a ETA y perjudicar a la democracia. No es justificable nada que no conduzca al fin de la violencia y del terror. Pregúntenselo a los ciudadanos.