23 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.
Se entiende. Y mucho, el enojo de la Iglesia española ante la imagen de Carod Rovira bromeando con una corona de espinas. Es una ofensa gratuita a millones de personas que se conmueven con el drama de la pasión de Cristo, su Dios. Se entiende menos. La petición de Benedicto XVI de que en España se respete «la libertad religiosa y de conciencia de cada persona». España es un país donde el Jefe del Estado acude a los oficios de la Iglesia católica. Políticos de todo signo hacen ofrendas ante santos de esta fe. La Iglesia recibe cada año 141 millones de euros de dinero público. La enseñanza religiosa conserva intacto su merecido prestigio y su eco. ¿Hace falta más?