El feísmo avanza por el litoral

OPINIÓN

25 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL FEÍSMO avanza en Galicia, y en la Galicia litoral el avance es a veces desaforado. Hay, sin duda, actuaciones respetuosas, de calidad, en armonía con su entorno, y en el mejor de los casos nuevas realizaciones aportan valores positivos. Pero, desafortunadamente, lo que predomina sigue siendo lo contrario. Unas veces por la multiplicación de edificios que no se entiende quién los autoriza, ni quién firma esos proyectos, ni quién tiene tan mal gusto para gastar su propio dinero. Otras veces se trata de edificios institucionales que componen un verdadero muestrario de feísmo a poco que el tiempo pase por ellos: espacios públicos, equipamientos públicos, promociones públicas de vivienda, suelo público empresarial, instalaciones portuarias, diques, rellenos y espigones. ¿Es que no cabe compaginar progreso con belleza, con armonía, con respeto al paisaje? Sobran ejemplos de que sí es posible, incluso entre nosotros, donde la mentalidad desarrollista sigue instalada en muchos de nuestros dirigentes, como si algunas mentes no hubiesen traspasado aún el umbral del siglo XXI. El feísmo avanza. En Pontedeume; en Miño, una nueva meca del feísmo, del caos, del destrozo desorganizado; en Ferrol, donde parecen querer demostrar que compaginar lo nuevo con lo antiguo resulta imposible; en Viveiro, donde sólo les queda por rellenar el estuario; y para qué hablar de la Costa da Morte. Allí el feísmo renace de sus cenizas: muxe en Muxía, pica en Malpica, no cesa en Ponteceso, se derrama en Cabana. El destrozo del frente portuario de Muxía es un nuevo monumento al feísmo que ni la Virgen de la Barca ha logrado detener. En las Rías Baixas se observa, sin embargo, un cambio de perspectiva, y algunas actuaciones encomiables se pueden ver, aunque la desfeita del Morrazo no tiene parangón. Claro que en las rías pontevedresas las directrices de Ordenación del Territorio contienen amenazas aun mayores que las que el pasado reciente aportó. Después de un arranque prometedor, los últimos meses han vuelto a demostrar que el territorio sigue siendo la principal política pendiente de todos los gobiernos. De seguir así, y nada hace pensar que vaya a cambiar, los que nos sucedan ya no podrán gozar de la autoestima territorial que nosotros hemos disfrutado, y que nos hizo sentirnos orgullosos de nuestro país. Y esta generación de dirigentes y profesionales imbuidos en el neodesarrollismo no podrán eludir su responsabilidad. Es un feísmo estructural, anclado en una determinada mentalidad, en un evidente déficit cultural y en la falta de una adecuada educación cívica que no se resuelve sólo con las elecciones. No sé lo que dará como resultado el proyecto Terra promovido por el Colegio de Arquitectos, que hacen bien en querer neutralizar su responsabilidad con el feísmo, pero no cabe duda que el feísmo tiene una raíz en el bajo nivel cultural y la otra en el egoísmo económico. Llevo años diciéndolo y me temo que tendré que seguir haciéndolo. Y mucha gente de la calle me lo recuerda en cada esquina. Hay un sentir colectivo que a pocos parece importar.