Hoy, en el Monte do Gozo

OPINIÓN

MIENTRAS todos estamos mirando los pasos de Otegi; mientras examinamos con lupa cada palabra que se dice en el País Vasco, Galicia está metida en su propia batalla: la conquista de la Xunta. Menudean las encuestas y sus interpretaciones. A los gallegos de la Corte nos atribuyen dotes de adivinos y casi nos paran por la calle a preguntar cómo lo vemos. Hay intriga ante los inciertos resultados. Y debo decirlo con sinceridad: más allá de Pedradita y el Padornelo, estas elecciones se contemplan como una reválida del ya llamado «efecto Zapatero» o una consagración del liderazgo de Mariano Rajoy. Así serán leídas también en la noche del 19 de junio. Por esa razón, la concentración que hoy celebra el PP en el Monte do Gozo es mucho más que la tradicional romería. Es el segundo gran acto (el primero fue la reunión de 23.000 personas en Silleda) de la campaña. Los medios informativos han desplazado allí casi tantos enviados especiales como el mismo día de las urnas. ¿Qué noticia van a buscar? ¿El discurso de Fraga? No. Van a contemplar el fenómeno de la masa enardecida. Y, sobre todo, van a tomar la temperatura de la moral del Partido Popular y, según me confiesan analistas amigos, a contrastar el tono de Mariano Rajoy. ¿Por qué el tono de Rajoy? Porque existe la impresión de que el líder popular está en un proceso de reflexión. Más claramente: de revisión de su mensaje y de su estrategia, después de que los ciudadanos consultados por el CIS se negaron a aprobar su discurso de dureza en el último debate sobre el estado de la nación. Es una revisión que se basa en esta lógica: si, diciendo lo que hay que decir desde la oposición, la sociedad lo rechaza, ¿qué es lo que falla? Se ha llegado a la conclusión de que esta sociedad quiere más esperanza y sonrisa que descalificaciones, por justificadas que estén. El clima social aún no está para describir negras sombras, dicho sea con perdón de Rosalía. El morbo periodístico busca a ese Mariano Rajoy que debe hacer virar su trasatlántico hacia la posición centrista que perdió en el Congreso. ¿Lo hará? Difícil tarea. Tiene que conseguir varios milagros: el primero, dar una imagen seductora del PP, pero sin que parezca que el PP gallego es manejado desde Madrid. Segundo, perder dureza sin beneficiar al PSOE. Tercero, capitalizar el desencanto del pueblo gallego, que tiene muchas razones para estar cabreado con el poder, pero sin radicalismo, que en Galicia no seduce a la mayoría. Y, por si eso fuera poco, hacer el equilibrio de respaldar a Fraga, al tiempo que sugiere renovación. ¿Alguien lo tiene más difícil? Creo que no. Por eso hoy, en el Monte do Gozo, empieza una reválida que terminará el día 19. Hoy es el primer examen.