FRUTO de la maledicencia, corre por ahí el rumor de que Fernando Savater está celoso de la atención que ZP le presta a Suso de Toro -ascendido recientemente a consejero áulico- y para contrarrestar su influencia ha aceptado servir de correo oficioso del presidente distribuyendo optimistas mensajes justificadores de su política. Concretamente, de la política de diálogo tendente a poner fin a ETA. Hay de toda evidencia en el rumor una violenta voluntad de desprestigiar a Savater, haciéndolo pasar por un traidor a las víctimas del terrorismo, a sus compañeros de Basta Ya y, en general, a todos los españoles que tuvimos en él, hasta ayer mismo, el mejor intérprete y portavoz de nuestro sentir frente a los terroristas y su entorno. Mi opinión al respecto es que Fernando Savater es un intelectual de la vieja escuela, casi un profeta, íntegro y comprometido, en la plena nobleza de los términos, que en el trance actual actúa según su conciencia. Nada más, ni nada menos. Pero, salvo grave error de apreciación por mi parte, también deseo dejar claro que Savater, a raíz de recientes declaraciones, se equivoca de cabo a rabo. Y el error es un derecho inherente a la libertad. La equivocación, estimo, no esconde por mala fe ninguna calculada ambición sino que es fruto de la ingenuidad, quizás no exenta de fatiga, y de un ilimitado deseo de poner fin al conflicto mediante la magia de las self-fulfillment expectations : si todos pensamos que esto se va a arreglar, se arreglará. No obstante, quien de forma más sucinta y lúcida ha expresado la actual situación ha sido Arcadi Espada en sus diarios (25 de mayo, www.arcadi.espasa.com): «ETA, de acuerdo en abrir el diálogo, siempre y cuando el Gobierno abandone las armas». Por tanto, contrariamente a lo que opina Savater, veo muy necesaria la manifestación convocada por las víctimas del terrorismo para el próximo 4 de junio en Madrid. Y allí seguiré defendiendo su buen nombre aunque a partir de ahora, me temo, desfilaré sin él. Cosas de la vida.