Carnaval

BLANCA RIESTRA

OPINIÓN

EL ROMPEOLAS

20 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTE fin de semana, Madrid se ha convertido en una extraña parodia de no sé bien qué. En estos casos, me acuerdo de Galdós que se reía tanto y al mismo tiempo amaba tanto esta ciudad carnavalesca. Madrid de un tiempo a esta parte me enternece: es una ciudad burda, mezclada, sucia y al mismo tiempo verde en medio del desierto. Y es que no saben cómo huelen los árboles de Alfonso X cuando pasas de retirada por la noche. (A oxígeno, dice Rédouane). Pues este finde, Madrid se puso en pie de guerra. Mientras cientos de autobuses llenos de familias-numerosas-vestidas-de-amarillo se manifestaban por la exclusividad del matrimonio, la Castellana ardía jaleada por Carlinhos Brown en plan festivo. Al mismo tiempo en otro lugar no muy lejano, los gais defendían su derecho a casarse y ser como los otros. (Cada cual se organiza como puede. Mientras no me obligan a mí a matrimoniar¿) Y atravesando las calles del Madrid rotas de asfalto derretido, pienso en todos esos muertos. En Galdós y en el duque de Rivas y en Tirso y en esa iglesia de la Calle Atocha donde está enterrado el monstruo de la Naturaleza, el gran Lope. En Antón Martín dos vejetes conversan entre las obras. Llevan guayabera. Hacemos una pausa para comprar pasteles y cominos. Y entonces lo recuerdo, el mar fresquito de mi ciudad natal y las olas atlánticas y pienso en Galicia que se preparaba para ir a votar antes de ayer.