TODO el debate que estamos alimentando sobre el voto de la emigración carece de un elemento fundamental. De sinceridad. Nos parapetamos en lo políticamente correcto y somos incapaces de abordar el asunto con frialdad. Así que vamos a tratar de hacer un ejercicio de honradez. Y hablar, con toda la claridad que sea posible del problema, que es lo que no hemos estado haciendo hasta ahora. Por ejemplo, que levanten la mano los que creen que los emigrantes han de seguir resolviendo nuestro futuro. Que la levanten los que defienden que los residentes ausentes decidan el alcalde de Sada, el de Ribeira de Piquín o el presidente de la Xunta. Y vamos a contarlos a ver cuántos son. Probablemente nos llevemos una sorpresa. Cuatro y el del tambor. Porque si todos fuéramos sinceros y nos dejásemos de sentimentalismos folklóricos y lacrimógenos deberíamos de empezar por preguntarnos qué es un residente ausente. ¿Es residente ausente el nieto de la señora María de Cuntis que nació en Bariloche, vive en Bariloche, se casó en Bariloche, trabaja en Bariloche y paga sus impuestos en Bariloche? ¿O es residente ausente la propia señora María que se fue para Jujuy en el año 37 y que sólo regresó, gracias a Encontros , para estar en la festa da empanada ? ¿O quizás es residente ausente el gallego convertido en un destacado empresario en Piriápolis, que da trabajo a 200 nativos y que tributa al fisco uruguayo? Resuelto el escrutinio de estas elecciones, hemos de plantearnos el papel de los emigrantes en las decisiones de nuestro país. Porque la mala conciencia que tenemos por haberlos obligado a irse por el mundo para ganarse el pan, no puede obligarnos a llenarlos de concesiones innecesarias. No puede ser que mientras la emigración cae brutalmente sigan creciendo los residentes ausentes. Ni que desde la llegada de don Manuel se hayan triplicado. Digámoslo claro. En Galicia tenemos que votar los que somos. Los que somos gallegos. Los que vivimos aquí, residimos aquí, trabajamos aquí, y pagamos nuestros impuestos aquí. La tradición popular gallega es sabia. Y siempre le escuché decir a mi abuela que o home é de onde pace e non de onde nace. Pero incluso más. Para la recuperación de los montes vecinales en mano común, se atendía al criterio que marcaba lo de casa, aberta e con fume. Cuando en la década de los setenta comenzaron a llegar al fútbol español los primeros extranjeros lo hicieron bajo la denominación de oriundos. A uno de ellos, creo que se llamaba Juan Carlos Touriño, se le preguntó por sus orígenes familiares. -Soy gayego. Mi mamá nasió en Selta de Vigo. Juan Carlos Touriño es un residente ausente. Probablemente habrá votado en las autonómicas del domingo.