Trillados

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

27 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

YO TRILLO es el presente de indicativo del verbo trillar. Que según el Diccionario de la Real Academia, en su segunda acepción, significa dejar a alguien maltrecho. Si alguien ha quedado trillado y maltrecho por Trillo, esos somos los gallegos. Pero, como si con dos intentos no fuera suficiente, vuelve estos días a nuestro reino, dispuesto a arreglarnos el problema del voto emigrante. Algunos sectores del PP no han podido evitar que se les cortase la digestión cuando supieron que don Federico iba a encabezar y coordinar la delegación de interventores ante la Junta Electoral pontevedresa. Porque recuerdan esos sectores populares, como recordamos todos los que no perdimos la memoria, que en una de sus últimas visitas, aún como ministro de aquel Gobierno tan pacifista, don Federico nos trilló con la afortunada sentencia de «veo unas playas esplendorosas». El chapapote nos cubría ya el occipital superior, pero don Federico, entusiasta él, nos dijo que ya estaba bien de lamentaciones, porque la cosa no era para tanto. Tras esta inyección de moral casi no pudo volver por estas tierras, atareado como estuvo en lo del Yak-42, aquel desgraciado accidente aéreo de militares españoles en Turquía. Volvió don Federico a trillarnos a todos con la legalidad del vuelo y con que cumplía todas las normas. Y, como si gozase de un halo divino, aventuró lo que iba a ocurrir meses después. Que no se iba a poder quitar el sambenito de encima. Como así ha sido. Para algunos, quizás porque estamos excesivamente trillados, don Federico es sinónimo de cataclismo. Usted dice Federico Trillo y se nos ponen los pelos como escarpias. Porque lo asociamos, sin querer, con los desastres. Por eso estamos temblando de lo que pueda ocurrir en Pontevedra con los votos de los residentes ausentes y no presentes. Porque lo mismo por un voto nos monta una hecatombe.