El riesgo de no arriesgarse

PEDRO ARIAS VEIRA

OPINIÓN

02 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LA CAMPAÑA electoral gallega se desarrolló en clave de mínimo riesgo. Fraga no fue a los debates y se centró en movilizar a un electorado propio que estimaba suficiente para ganar. Demostró estar capacitado para gobernar y que no había cambiado, para lo bueno y para lo malo. Pero lo que bastó en otras épocas no llegó en la etapa política que se abrió en Galicia tras el Prestige y en toda España tras el 11-M. El PSOE comparecía con un reforzado apoyo mediático, sólo tenía que aparentar otras formas políticas sin tocar el núcleo básico del modelo económico del PP. Para diferenciarse, Zapatero y el núcleo duro se dedicaron a retrotraer al PP a la etapa preconstitucional. Sacaron a colación las estatuas de Franco, las polémicas religiosas, el europeismo antiyanki, el victimismo nacionalismo preautonomista y las viejas discriminaciones sexuales. Al parecer en casi tres décadas de Constitución no se había avanzado nada. Había que reconstruir una nueva memoria ajustada a sus intereses electorales. En Galicia no había más que esperar a que Fraga fuera el mismo de siempre y que el aparato mediático magnificara sus errores. No había necesidad de programa ni concreciones. Touriño siguió un guión de mínimos riesgos, hablar de cambios, nuevos tiempos y generalidades electorales. Y cuando entró en harina, como en el caso de la Consellería de Pesca para Vigo, puso en peligro los resultados. Quintana apostó por evitar la identificación con Carod-Rovira y por disipar las sombras del radicalismo que podría ocasionar un trasvase general del voto útil del antifraguismo al PSOE. Sabían que sus competidores y coaligables no sacarían mayoría absoluta y que serían imprescindibles. No buscaron más que evitar excesivos riesgos y afianzar un suelo electoral mínimo. Evitó, como el PSOE, hablar de regeneración interna, de cambios políticos importantes en la propia Galicia. Solo se conjuntó con el PSOE en el rechazo formal al adversario principal y a prometer más relevancia de Galicia en España. Al final de campaña Rajoy asumió más riesgos y evitó la catástrofe. Los coaligados ganaron por los pelos. Las elecciones se resolvieron en clave de abstenciones comparativas. Afectó más al PP que a sus oponentes. Aún siendo importante, la participación quedó lejos del nivel de las generales. El PP se equivocó no arriesgando en un contexto en el que era minoría social. No se renovó internamente al nivel necesario y el correctivo vino de fuera. El PSOE tampoco se empleó al nivel exigido por los votantes y está muy condicionado a pactarlo todo y con todos los diputados para que no haya ni una sola discrepancia. Y el BNG entra en el poder con un apoyo electoral descendente. Pero los coaligados tendrán el poder y gozarán de más oportunidades. Ahora le corresponde al PP la tarea de asumir el grueso de los riesgos. Pero la democracia siempre da oportunidades a los audaces, a los verdaderos realistas. El riesgo, si es a favor de los intereses del pueblo, siempre será rentable.