Colillas en la playa

B.R. SOTELINO

OPINIÓN

05 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EN UN alarde de ecologismo mal entendido, un concello pontevedrés (el de Redondela), anunció hace unas semanas la puesta en marcha de una iniciativa que sería muy loable si no fuera porque es peor el remedio que lo que se pretende remediar. Se trata de mitigar la costumbre que tienen los bañistas de utilizar los arenales de las playas como gigantesco cenicero mientras relajadamente critican en bañador a los culpables de que no se cumpla el Protocolo de Kioto. Resulta que la solución prevista (que no es original, sino que ya ha sido utilizada antes por otros ayuntamientos), es repartir entre los usuarios de las playas unos ceniceros en forma de cono de helado. El problema que no han calibrado es que el material con el que han sido fabricados es el enemigo número uno de la naturaleza: son de plástico, con lo cual, contaminan aún más que las colillas. Tampoco han pensado que muchos se despistarán y dejarán el «ceniplaya» semienterrado en la arena como el perro de Goya. Las pavas del tabaco, según aseguran los expertos en la materia, tardan más de siete años en biodegradarse; y el plástico, más de un siglo en desaparecer. Pero hay una cosa que se llama cartón reciclable, con el que se puede hacer algo parecido, no peor. En muchas localidades costeras de Europa los tienen. Galicia está en Europa. Entonces, ¿por qué aquí sólo nos llegan los inventos del profesor Bacterio? ?