Decisión digna y venturosa

GERARDO G. MARTÍN

OPINIÓN

05 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

SALOMÉ no está en el cuadro, que no la busquen en la praza do Rei viguesa, entregando la cabeza del Bautista. Tengo la convicción moral de que Ventura Pérez Mariño sigue con la cabeza en su sitio y sin otro control sobre ella que el ejercido por él mismo. No me atrevo a decir si ufano o asustado por la inmensa, enorme polvareda que ha levantado su marcha. Como algunos actores, él siempre hace buenas entradas al escenario y extraordinarios mutis... aunque acierta poco en el medio y medio de la trama. Lo que le pasó esta vez, en el Concello, y me temo que un poco también, antes, en el Parlamento. En casi todo el orbe político-mediático se apostaba por la compensación que le pudieran dar a Pérez Mariño. Donde muchas veces no juegan otros valores que el de los ascensos a cualquier precio, de mantenerse en el machito aún a costa de casi todo, nadie esperaba que Ventura pudiera marchar a cambio de nada. Así se va, es la impresión que el tiempo, confío, corrobore. No espero otra cosa de la probada honradez personal del personaje, que dicho sea de paso, ¡nadie es perfecto!, me defraudó a su paso por la Alcaldía, tanto por falta de mano izquierda como por escaso encaje. La moción a Corina es otra cosa. No estoy entre los que creen que fuera Pérez Mariño y Pérez Castrillo está el horizonte despejado. Quedan las posibles ambiciones personales de Miguel Barros, del lado socialista, y los siempre sorprendentes manejos de Xavier Toba, el hombre que hizo el puente entre el BNG y el PP, que no debe ser de plata, por aquello de que «a enemigo que huye puente de plata», pero debe guardar en sus ojos muchas secretas explicaciones. Quien hizo esa fusión popular-nacionalista, o se la atribuyen, no puede estar en una futura corporación PSdG-BNG. Cuando liquiden los obstáculos ya apostarán los estrategas por asaltar el bastión de Porro, con el coste electoral que ello suponga, o mantenerla con una queja permanente en sus labios por la discriminación del gobierno de Pérez Touriño a Vigo.