EL DIRECTOR de Instituto Cervantes ha explicado que va a habilitar La Casa de las Lenguas Ibéricas, en la que estarán representados los demás idiomas ibéricos y no sólo el español. César Antonio Molina ha ofrecido el apoyo del Instituto que dirige para ayudar al Rosalía de Castro, cuya creación ha sido anunciada por Touriño en el pazo de Mariñán, lo que debe ser aplaudido, pues representa importantes sinergias y ahorros desde el punto de vista logístico. Los ahorros burocráticos y de representación política así logrados permitirían dedicarse a lo verdaderamente importante: su objeto institucional, la promoción de la lengua y la cultura, más que a la propaganda política, el electoralismo y clientelismo o la colocación de afines. No obstante, cabe hacer un comentario sobre el nombre a dar a tal institución. Es difícil elegir dentro del bosque animado de los grandes escritores gallegos: Valle, Cela, Torrente, Fernández Flórez, Cunqueiro, Madariaga, Pardo de Andrade, etcétera. Vicente Risco fue todo un personaje, pero es una pena que en su teoría del nacionalismo mostrara la patita racista y xenófoba al estilo de Arana o Prat de la Riba. Rosalía fue una mujer sensible y excelente poeta, pero ni su pensamiento ni su testamento deberían ser tergiversados o traicionados. Cerca del final de su vida, en junio de 1881, escribía a Murguía: «Me extraña que insistas todavía en que escriba un nuevo tomo de versos en dialecto gallego¿ ni por tres, ni por seis ni por nueve mil reales volveré a escribir nada en nuestro dialecto¿». Y es que Rosalía quedó más que harta del sectarismo fanático de los regionalistas de su época y de la manipulación que con fines políticos quería hacerse de su persona y su obra.