PARECE ser que Kofi Annan ha nombrado a un paquistaní como coordinador de la propuesta del presidente Zapatero en la ONU de una «alianza de civilizaciones». Podemos reflexionar sobre ambos conceptos. ¿Estamos en una guerra de civilizaciones o vamos a una alianza con ellas? En primer lugar, tendríamos que considerar el concepto de civilización. Sobre ello han escrito numerosos autores, como Aaron y Huntington. Ambos la han visto como la agrupación de culturas afines (religión, etnia y lengua) en que se divide la humanidad. Huntington, hace unos años, puso en boga el concepto de «choque de las civilizaciones» para pronosticar que el siglo nuevo traería enfrentamientos entre ellas como sustitutivo de los conflictos políticos entre los bloques salidos de la Segunda Guerra Mundial. Alguna razón tendría cuando desde el fin de la guerra fría hemos vivido enfrentamientos entre comunidades de diferente religión: en Irlanda del Norte, en Bosnia y Kosovo, en Palestina, en Pakistán, en Chechenia, en Sudán, en Nigeria, en Indonesia y en Filipinas. Ahora, el terrorismo islamista, aprovecha esta circunstancia para presentarse como el vengador del islam. Pero no es así. Por ejemplo, en Europa viven unos catorce millones de musulmanes, de los que muy pocos apoyan o justifican el terrorismo de unos fanáticos que se suicidan en nombre de una causa que no es la suya, con atentados muy anteriores a la guerra de Irak, que sólo es un pretexto. Una alianza de civilizaciones es un proyecto difícilmente alcanzable, porque no se puede pactar con una civilización que no tiene representación orgánica institucional. De momento, el mundo está dividido en naciones que no se adaptan al modelo de las civilizaciones. Así, opino que ni estamos en guerra, ni vamos a conseguir la ideal alianza de civilizaciones. Eso sí, estamos viviendo situaciones que se parecen mucho a estos dos conceptos.