Castilla y León
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Abdalá en la encrucijada

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

10 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL SUCESOR del rey Fahd gobernaba el país que tiene la cuarta parte del petróleo del mundo y es guardián de los sagrados lugares del Islam desde hace ya diez años, cuando se produjo el derrame cerebral del monarca saudí, en 1995. Desde entonces el príncipe Abdalá ha tenido que hacer frente a una situación explosiva interna en Arabia Saudí y externa en Oriente Medio. En su propio país, el ya rey Abdalá tendrá que resolver el conflicto con los radicales del integrismo islamista que se consideran traicionados por la monarquía saudí, al haber permitido bases americanas en los territorios sagrados para el Islam. Así, la fitna es una guerra poco conocida dentro del ámbito islamista, que trata de derrocar a los gobiernos que apoyan a los occidentales. Por eso no ha de extrañarnos que dentro de Arabia Saudí se produzcan atentados terroristas, como sucede en Egipto o en Jordania. El nuevo rey de Arabia Saudí ha venido apoyando la expansión del Islam en el exterior, facilitando recursos y el desplazamiento de miles de clérigos, imanes que predican la doctrina wahabista. Por otro lado, el nuevo rey tendrá que mantener la fuente de su riqueza -el petróleo-, que sirve para que una multitud de parientes y allegados continúen favoreciendo el régimen de poder más diferente de los occidentales. Pero cuidado, Arabia Saudí es una pieza clave en Oriente Medio, no sólo por el petróleo, sino porque tiene una gran influencia frente a otros regímenes islámicos, como Irán o Siria. No se deben pues esperar grandes cambios a corto plazo, porque la partida estratégica ya comenzó hace muchos años y cada jugador tiene planteado su juego a largo plazo, en función de sus posibilidades geopolíticas, económicas o espirituales.