Comparaciones odiosas

| MARÍA ANTONIA IGLESIAS |

OPINIÓN

19 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

COMO ya les he explicado tantas veces a los lectores que a mí el cinismo me subleva, no les va a resultar difícil entender hasta qué punto la estrategia del PP en el asunto de los soldados españoles muertos en Afganistán me desborda. Es difícil encontrarse ante una situación donde el ventajismo y la oportunidad se mezclen, desesperadamente, burdamente, con la impotencia y el maldisimulado intento de devolver la bofetada política. Trata el PP de encontrar comparaciones, imposibles, entre la actuación del Gobierno de Aznar en el penoso asunto del Yak-42 y la actuación del Gobierno de Zapatero en el del helicóptero de Afganistán. Y como son, estas comparaciones, imposibles, lo único que consigue el PP es que esas comparaciones sean de todo punto odiosas, peligrosas, de esas que se vuelven contra el que se atreve a hacerlas. Promete el PP, y lo hace con cínica solemnidad, que no van a utilizar el trágico suceso del helicóptero de Afganistán, con sus l7 víctimas mortales, como munición política contra el Gobierno ¿«como han podido hacer otros». Consigue así el PP que la imposible comparación esté servida, esa que sugiere que los socialistas prendieron la mecha que incendió el Yak-42 para hacer mercadería política con aquellos otros soldados muertos. Pero se olvida , cínicamente, el PP, de que la mecha no la prendió el entonces partido de la oposición sino el inicuo comportamiento de un Gobierno de la derecha que logró, con su torpeza y mendacidad, algo realmente insólito en nuestro país: la sublevación, irritada e impotente, de eso que esa derecha ha identificado siempre, campanudamente, como «la familia militar». En aquella ocasión, los familiares de los soldados muertos en aquel ataúd con alas recibieron tal incomprensible maltrato y desprecio por parte del Gobierno, tan sólo obsesionado por enterrar cristianamente la verdad, que optaron por romper la cultura de la disciplina y el silencio al que nos tenían acostumbrados. Aquellas familias de militares acabaron, con sus tan dolientes como fundamentadas quejas, con aquel tópico del monopolio del fervor hacia las Fuerzas Armadas que había ostentado la derecha durante tanto tiempo. Aquellas familias de los militares muertos en el Yak-42 sólo pidieron la verdad. Pero aquel Gobierno de la derecha sólo respondió con declaraciones vacías que nunca sonaron a dolor humano y a verdadero patriotismo, sino a cálculo político y a patriotismo de pecho de lata¿ Y como las heridas todavía están abiertas sólo le queda al PP, para acabar de arreglarlo , sugerir que aquellas familias de militares no eran sino agentes del socialismo. O del comunismo y la masonería, que son muy capaces. Zapatero ha estado en Figueirido y en Sevilla, como es su obligación. Y debiera comparecer en el Congreso de los Diputados. Para dar satisfacción a las insaciables exigencias del PP, que desea obsesivamente esa foto en la que el presidente del Gobierno quede clavado con una chincheta, como una preciada mariposa finalmente atrapada. Pero el presidente del Gobierno no va a tener su Yak-42. Sólo va a quedar en evidencia que su actuación transparente en la tragedia de Afganistán hace del intento del PP por buscar comparaciones imposibles un estúpido efecto bumerán, una comparación odiosa.