¡Qué hacer!

| PABLO MOSQUERA |

OPINIÓN

28 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

PARA EVITAR que sigan quemando Galicia. Me acompañaban un amigo barcelonés y mi hijo, ambos enamorados de la costa gallega, desde A Mariña hasta Fisterra, atónitos con la aparición casi fantasmagórica de cabo Vilano tras dejar el Cementerio de los Ingleses por Camariñas. Al llegar a Cee y encontrarnos con la factoría ballenera de Caneliñas, vimos llegar un hidroavión que llenaba su panza de agua de la ría de Corcubión para apagar el incendio del mítico Pindo por tierras de Carnota. La humareda que hacía presagiar lo peor nos hizo desplazarnos hasta el mirador de Ézaro, donde nuestros temores se confirmaron. Aquel mosquito trataba de impedir otro incendio de la historia interminable que tiene mucho que ver con atentados al medio natural, patrimonio de la humanidad, como nuestras rías, que a los gallegos nos toca cuidar para que las generaciones sucesivas puedan seguir haciendo uso del derecho a la naturaleza; y para evitar que la codicia y el mal gusto trasladen el modelo mediterráneo a nuestra tierra, transformando las rías en urbanizaciones y proyectando sombras de cemento y cristal sobre nuestras playas, gracias al urbanismo que hace colmenas para veraneantes. Les mostraba a mis acompañantes la grandiosidad del faro de Fisterra, o la obra maestra de César Portela en punta Nariga, por tierras de Bergantiños, donde un barco de granito con un mascarón de proa, mitad humanoide, mitad pájaro, encallado en la soledad de la costa, recordaba la historia de capitanes que entre la niebla buscaban una luz vigía para la navegación. En esas atalayas no se deben hacer edificios de cinco alturas. Tengamos respeto por las sombras entre la luz de los faros, para evitar esos espigones que provocan que la mar se lleve la arena de las playas, y para evitar que primero se crezca en alturas de viviendas y luego se descubra que el alcantarillado no resiste los vertidos. Para que la autoridad municipal no vuelva a decir que levantar la voz contra el urbanismo o la industrialización peligrosa para el medio ambiente es afán de dividir y provocar, salvo que crear conciencia social y ecológica sea una herejía.